Ciénaga: la pequeña política asistencialista

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Escrito por:

Carlos Payares González

Carlos Payares González

Columna: Pan y Vino

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Más allá de si los rellenos con tierra en algunas calles ocasionan inundaciones durante las lluvias en las casas de las aceras respectivas; o si el posterior arrastre de la arena por el agua-lluvia aumenta la sedimentación de la Ciénaga Grande de Santa Marta deteriorándola ecológicamente;

o si la realización de dichos rellenos no resuelve definitivamente los problemas por el mal estado de las vías; o si se trata de una inveterada práctica politiquera, etcétera, existen consideraciones mucho más cuestionables sobre el modelo asistencialista que viene siendo impulsado actualmente por el candidato del Polo Alternativo Democrático en Ciénaga.

El economista Stefano Zamagni (asesor en cuestiones sociales del Vaticano), en una entrevista reciente en Argentina, advirtió con claridad meridiana que "el asistencialismo político produce una mayor pobreza dado que con el enfoque de mejorar las condiciones de vida y no las capacidades de las personas incurre en el camino equivocado para buscar la erradicación de la pobreza y una mayor equidad social".

Para Zamagni, si las políticas sociales se basan en el asistencialismo como enfoque central, "se produce endógenamente más de lo que se quiere combatir". En otras palabras: más pobreza. Y agregó: "¿Por qué los políticos, en todo el mundo prefieren ese enfoque de mejorar las condiciones y no las capacidades de vida de la gente? Hasta los niños saben la respuesta: si yo te ayudo, mañana tu votarás por mí".

Lo dicho por Zamagni le cae como anillo al dedo al empresario-candidato del Polo Democrático Alternativo a la Alcaldía de Ciénaga, Luis Alberto Tete Samper, quien durante un par de días en la emisora Fuego Estéreo no hizo nada distinto que defender el asistencialismo de los rellenos que, bajo su tutela y desde tiempo pretérito, ha venido ofreciéndole a los ciudadanos-electores de algunos sectores barriales de Ciénaga.

En efecto, la tentación permanente de todo populista (candidato o gobernante) es la de caer en el asistencialismo bajo el antifaz del altruismo o de la caridad con el prójimo. Mirando de buenas a primeras, con el prisma sensible-emocional, el gesto parece pertinente o loable. Se trata de supuestos hombres "buenos" atendiendo, incluso con plata de su bolsillo, los problemas y las necesidades de los más desarrapados (también existe asistencialismo para los ricos como fue el caso reciente de Agro Ingreso Seguro). Sin embargo, bajo un análisis mucho más frío, se observa que las ayudas circunstanciales serán tantos o más perjudiciales que las causas que motivan a asumir dicha posición.

Lo cierto es que el populismo asistencialista no resuelve la causalidad estructural de nuestras calamidades sino que termina empeorando lo que de por sí ya está mal. Son meros paños de agua tibia que atemperan los síntomas pero no curan la enfermedad.

No se trata de desconocer las necesidades de los pobres que viven en Ciénaga; tampoco se aboga por dejarlos abandonados a su suerte, como han venido haciéndolo los últimos gobiernos de turno. Todos debemos reconocer el potencial autogestionario que tienen los pobres cuando se les ofrecen las herramientas materiales y espirituales para hacerlo. Como lo dice el viejo refrán: no debemos regalarles el pescado sino la caña de pescar.

El actual gobernante de Ciénaga, por ejemplo, ha sido considerado como un funcionario nefasto en dos recientes encuestas (marzo/septiembre) donde su mala imagen se encumbra por encima de un 70% de los encuestados.

Ya habíamos dicho en una columna anterior que la primera responsabilidad de la existencia de corrientes populistas asistencialistas obedece a los malos gobiernos que las anteceden. Lo cuestionable ahora es la irracionalidad que tienen las medidas asistencialistas porque no son sustentables en el tiempo.

Siempre tendrán que estarse repitiendo.

Además, el asistencialismo es una puerta abierta para la corrupción por la debilidad de los mecanismos de control que sobre éste se ejercen.

La corrupción política no puede ser entendida sin tener en cuenta también el poder económico que financia dichos actos a cambio de la capacidad de incidencia en la toma de decisiones por parte de la gente y en la implementación de las políticas públicas que de verdad resuelvan nuestros problemas y satisfagan nuestras necesidades.

Amén de que muchas empresas que hacen asistencialismo o regalan obras luego las reportan para el logro de una exención de los impuestos que deben pagar al Estado colombiano. Es decir: ganan por punta y punta. El preconcepto del asistencialismo es el que las personas son incapaces de sortear los obstáculos de la cotidianidad por cuenta propia. Es cuando aparece la figura mesiánica de un 'salvador de los pobres'.

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