El ejercicio de la abogacía

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Escrito por:

Alfonso Lopez Carrascal

Alfonso Lopez Carrascal

Columna: Pedagogía Constitucional

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Parece cierto el dicho popular de que en Colombia todo el mundo es abogado mientras no se pruebe lo contrario y vemos cada día cómo crecen los programas básicos de Derecho y en la Región Caribe tenemos 27 programas de Derecho que se descomponen así: Atlántico con 9 programas, Bolívar con 9, Magdalena y Cesar con tres programas cada departamento, 3 en Córdoba y 1 en Sucre y en el país un total de 144 programas de pregrado en Derecho.

La pregunta problematizadora será cantidad o calidad? La organización SNIES señala que de esos 144 programas de pregrado en Derecho, solamente veinte tienen acreditación de alta calidad y el resto únicamente cuenta con el registro calificado que certifica el cumplimiento de unas garantías mínimas de funcionamiento.

A 31 de octubre de 2010 en el departamento del Magdalena y por datos del Consejo Superior de la Judicatura se destacaba en desempeño laboral un número de 1.828 hombres y 1.091 de mujeres, pero en es el espacio nacional el número de mujeres doblan a los hombres, lo que significa una tendencia de género por el Derecho.

Pero ya hay voces que exigen que la educación jurídica sea sometida a una alta cirugía y no puede ser posible que alguien monte una universidad y en especial una facultad de Derecho en cualquier garaje. En 1993, unas 32 facultades ofrecían estudios en pregrado en Derecho y ya en el año de 2007 el número había subido a 72 escuelas de pregrado. Alguien decía en la literatura española que si su hijo no servía para nada que estudiara Derecho y hay que ir cambiando esa mentalidad de que el abogado es el pleitista y no el conciliador.

Muchas veces en los mismos hogares cuando los hijos son discutidores lo primero que dicen los padres es que el hijo sirve para estudiar Derecho. El pleito no debe ser la mira del abogado de hoy sino buscar la forma de conciliar, como lo hace el palabrero en la cultura Wayúu, que no busca el pleito por el pleito sino conciliar a las familias o castas en disputa.

La Asociación Colombiana de Facultades de Derecho (Acofade) recomienda que el Ministerio de Educación debe entrar a regular y verificar la calidad de los programas de Derecho.

Cuando se elaboró hace más de cuarenta años el Estatuto de la Abogacía asignó a los abogados la misión de defender en justicia los derechos de la sociedad y de los particulares. ¿Acaso estamos entonces formando pleiticidad y no conciliadores? Y triste decirlo, la universidad no enseña ni a cobrar honorarios ni la experiencia y tampoco el antiderecho.

Muchos egresados cuando salen de la universidad quieren aplicar su propio código, llamado antiderecho y eso no se enseña en ninguna facultad por mala calidad que tenga. La mala fama de que gozamos es un fenómeno mundial. Y como critica dicen que el pez róbalo es nuestro emblema. La suspicacia y los límites morales nos acongojan.

La misma Corte Constitucional en memorable fallo afirmaba que la actividad del abogado no solamente es eminentemente técnica, sino que suele desarrollarse en el campo de la moral y la ética, que debe ser su escenario natural, y donde radica su poca estimación y su honra o nobleza. No podemos seguir formando una República de tinterillos que nos identifican por el número de la tarjeta. Nosotros mismos los abogados debemos darle realce y altura a esta profesión, que por algo en la época de Alfonso el Sabio elevó a la categoría de noble.

Todos estamos pecando, el Estado, la misma universidad, especialmente la privada que no paga al docente lo debido pero exige líneas en docencia y los mismos abogados. Dejemos de estar pensando únicamente en rentas, abusando del Derecho, de interponer tutelas abusando de la misma, fueros, jurisprudencias, amistad negociada, juegos desleales por debajo de la mesa con el funcionario y otras cosas más. Invitamos a la reflexión del abogado de hoy y aprendamos de los viejos abogados que nos dieron una lección de ética y de respeto por el Derecho.

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