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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Al igual que la mayoría de los colombianos no soy sicario ni narcotraficante ni cometo actos violentos y, por tanto, no me siento aludido ni maltratado cuando una película trata dichos temas sobre Colombia. Además, sin ni siquiera ahondar sobre qué tan justa o fiel sea la imagen que de mi país reflejan ese tipo de películas, pienso que es absurdo protestar por esa causa.

Es necio el escándalo que han formado por la película titulada Colombiana del francés Luc Besson (El perfecto asesino y El quinto elemento) y protagonizada por Zoe Saldana (Avatar). El filme trata de una bogotana que fue testigo cuando niña del asesinato de sus padres y luego se vuelve sicaria en Estados Unidos, historia por demás poco original, pues trata una realidad común y conocida en nuestra tierra, y también en otros países.

El tropel fue magnificado por la Cancillería al enviarle al productor una ridícula nota de protesta, la cual por mucho que pueda justificarse ante la supuesta defensa del buen nombre de Colombia, sólo produce el efecto de aumentar la taquilla de la cinta.

¿Han protestado nuestros gobiernos ante la avalancha de telenovelas y películas colombianas con el mismo tema, incluso, tratado de una manera más cruda, extensa y en horarios triple A? No. Y lo peor: más que protestar, podrían haber tomado medidas legales para impedir la emisión de algunas de ellas, que, además de reiterativas y de dudosa factura, confunden mentes en formación.

De buena y mala calidad, recordemos a Rodrigo D, Rosario Tijeras, La Virgen de los sicarios, El Capo, Sin tetas no hay paraíso, La bruja, Las muñecas de la mafia, El cartel de los sapos y decenas de producciones nacionales cuyo tema central o paralelo es el mismo de "Colombiana".

Y más lejos, ¿han protestado los italianos por películas como El Padrino, los japoneses por las que protagoniza la Yakusa, los alemanes por las de nazis y los gringos por cientos de filmes donde descuartizan, chupan sangre y despedazan con bombas? Y son reales, pues se trata de representaciones de hechos que se han dado y se dan en esos y otros países.

Volviendo a Colombia, hay muchas películas y telenovelas nacionales donde se muestran gringos, franceses y en general extranjeros robando, asesinando y cometiendo ilícitos de todo tipo. ¿Han protestado por ello los gobiernos de esas naciones? Ni más faltaba.

A uno le queda la sensación de que nuestros gobiernos torpemente hablan demasiado para mostrar que luchan contra un problema que le ha quedado grande a todos. Tales manifestaciones inútiles opacan la incautación de alijos de cocaína o la detención de narcos, acciones ésta que sí son efectivas, así sean insuficientes.

No demos tanta lora, que estamos en un país donde a una mujer le roban a su hijo del vientre y donde asesinan a cuchilladas un par de gemelos de siete años, mirando sólo la última semana. Cuando produzcan una película sobre estos dos casos, digna de un festival de cine de terror en Transilvania, vamos a extrañar películas como Colombiana.

No he visto la cinta pero me la imagino: iguales historias con algunas imprecisiones geográficas y exageraciones puntuales sobre sitios que bien pueden ser otros reales que nunca aparecen debido a que no se puede filmar en ellos por peligrosos o por lejanos. Pero esa es Colombia, la nuestra.

La nuestra, como el lema comercial de una gaseosa nacional con el mismo nombre del título de la película, bebida que hoy se topa con tremenda publicidad gratis. Un cineasta colombiano debería producir la película Cocacola, que narre la vida triste de alguna infortunada gringa adicta a las drogas.

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