Yuma

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Estoy llegando a Barranquilla desde Santa Marta y paso sobre el puente Pumarejo, miro abajo y ahí está: el ancho y el inmenso, su majestad río Magdalena, el Rio Grande de la Magdalena, Yuma… Quieto de lejos cuando lo divisé, pero ahora que aminoro la marcha ya encima veo su movimiento perezoso, portentoso, silencioso. Poder. Y pienso en toda la Colombia que transporta en sus aguas café con leche.

No es sólo agua. Ahí viene lo que sobra de Colombia, lo que le han derramado casi todas sus ciudades, pueblos y campos. Lo que han desechado, lo que han usado, lo que han matado, lo que han leído, lo que han llorado.

Sí, lo que han llorado, porque parte de esa agua que observo desplazarse lenta son lágrimas que pronto llegarán a las Bocas de Ceniza; en las bocas de muchos rostros se quedaron arriba las risas, éstas no se desprenden, por fortuna. Colombia llora, sí, y baja, pero también ríe y se queda: es lo que nos mantiene la esperanza.

Bajan las malas noticias y también las buenas. Acá, cerca a la orilla este, alcanzo a ver un discurso junto a un apretón de manos, un poco más atrás viene una ley y al lado flota una investigación exhaustiva. Por el centro va un sueño, a su lado la Constitución, una rosa marchita y una rama de olivo. Allí sobresale un pedazo de dignidad con jirones de sosiego y retazos de honestidad. Al oeste veo una pizarra, una cartilla y una muñeca sin brazos.

Bajan promesas, muchas promesas, y pactos, convenios, contratos. También en el vientre de Yuma bajan cientos de buenas intenciones; las malas se quedaron: nos mantienen el desconsuelo. Bajan las penas escurridas y las alegrías y los dolores y las esperanzas. Baja la historia reciente de Colombia, los desperdicios de las noticias que escuché hace uno, dos meses. ¡Qué gran río!, desfogue de Colombia, es angustia, penas y agonías que se volvieron olvido al descender por laderas y cañadas.

Desde este puente te miro y pienso, Yuma, por tu lomo subieron, se sentían seguros porque entre la feroz selva eras la prolongación del conocido mar que los trajo de su viejo mundo. Subieron a conquistar a Colombia, a golpearla, a cercenarla, a escarbarla; subieron con su idioma, sus fiebres, sus santos, sus armas, su escudo y su bandera; por tu espalda bajaron el oro, las esmeraldas, el tabaco, la quina, la sangre, una raza, varias lenguas. Todo se desperdigó allí más abajo, en el revuelto Caribe se diluyó y perdió su nombre.

Te recuerdo hace muchos años al sur de Colombia, en el Huila, en el Estrecho, más raudo pero muy angosto, entre colosales rocas que te aprisionaban. Allí hurgué en tus entrañas refrescantes. Aquella vez llevabas agua que luego pasó por aquí y yo que no la vi. ¡Cómo te transforma Colombia durante tu viaje!

Tu útero en el páramo más al sur: la laguna de la Magdalena. El Estrecho en San Agustín el país de las misteriosas estatuas de piedra, Isnos, Neiva, Villavieja, Purificación (qué temprano esa purificación), Girardot, Ambalema, Honda con sus puentes que saltan sobre ti, La Dorada dorada por el sol, Puerto Triunfo de hipopótamos derrotados, Berrío río donde te conocí cuando niño, Barrancabermeja oro negro, Puerto Wilches, ya vienes…

Gamarra, Tamalameque con la Llorona loca, El Banco viejo puerto, Mompox tierra de Dios, Plato a quien le diste el Hombre caimán, Tenerife guerrero, Sitionuevo, llegaste a Barranquilla bajo el puente Pumarejo donde ahora veo sucederte…Yuma.

Yuma "río amigo", Guacahayo "rio de las tumbas", Arli "río del pez", Caripuña, Karihuaña o Karacalí "gran río de los caimanes". Más y más río Magdalena, me río Magdalena, mi río Magdalena, monumental río Magdalena, mueres río Magdalena.

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