El quién y el cómo en una crisis económica (II)

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Ignacio Pareja Amador

Ignacio Pareja Amador

Columna: Reflector Mundial

e-mail: reflectormundial@yahoo.com.mx

Twitter: @Nacho_Amador 

Entonces, ¿quiénes serían los grandes culpables en una crisis económica? Para el caso actual el gobierno norteamericano tiene parte de la culpa, pues no ha sabido manejar sus cuentas sanamente, y este no es un problema exclusivo de la administración Obama, sino que tiene un antecedente justamente en el excesivo gasto militar que impulsó el gobierno de Bush.

Tampoco es un malestar propio de EE.UU., sino que también existe en Europa, donde el estancamiento y bajo crecimiento de la Eurozona han conminado el aumento de las tasas de desempleo y el incremento de la deuda pública.

El problema es además estructural: el dólar es la divisa internacional por excelencia, de manera que la política monetaria estadunidense no debe responder meramente a una estrategia nacional, sino que debe fijarse tanto en la producción local como en las ecuaciones internacionales, pues ignorar el binomio nación-mundo puede generar una masa monetaria que no esté sostenida en la producción, creando la idea de un bienestar artificial presente, que en el futuro será causante de un desequilibrio económico global.

También está la variable de la recaudación, que debería ser la principal fuente de ingreso para el gobierno. Sin embargo, la solución no debe sustentarse en el incremento de los impuestos, sino que debe basarse en la ampliación del universo de contribuyentes, con una desagregación por estatus y condición socioeconómica.

En este tenor podemos advertir que la respuesta a nuestro cuestionamiento principal no radica en las personas en sí, sino en sus decisiones. El problema no es de una administración, sino de cómo se manejen los ingresos, de cuáles son las reglas en el quehacer económico, o sea qué políticas se aplican y cuál debe ser el origen y razón de estas políticas. En pocas palabras, el problema yace en el Modelo Económico.

El neoliberalismo impera en las políticas económicas internacionales desde finales de los ochenta y principios de los noventa, tiene sus raíces teóricas principales en los postulados de la escuela austriaca (Friedrich Von Mises, F.A. Hayek) y en la escuela de Chicago (Milton Friedman). Sus premisas tuvieron auge como consecuencia del colapso del Modelo Keynesiano, aquel que veía al Estado como el ente encargado de impulsar el crecimiento económico basándose en la idea del bienestar social y la regulación.

Al colapsar este modelo, los nuevos liberales plantearon un Estado más pequeño y una economía más libre, con menor regulación. Este modelo ha expirado, nos lo demuestra la crisis del 2008 y los síntomas de los malestares actuales en Europa y EE.UU. Ha sido un modelo que lejos de fomentar la competitividad a nivel internacional ha aumentado la desigualdad, ha ampliado la distancia entre las clases bajas, medias y altas, al grado de que existen realidades complemente distintas tanto en naciones desarrolladas, como en aquellas que anhelan esta condición.

El problema ya está identificado, las propuestas de solución han sido discutidas en distintos foros: es necesario reestructurar el modelo económico que impera en las políticas económicas internacionales.

¿Qué hace falta entonces?, ¿voluntad?, ¿de quién? De los gobiernos, de la ciudadanía, de los dueños de los grandes capitales quienes tienen tan diversificados sus recursos que mientras pierden del lado del Atlántico, ganan del lado asiático del Pacifico y del Indico, dejando que sus pérdidas se diluyan entre la población.

¿Qué pueden hacer los gobiernos para prevenir estas circunstancias? Hacer de sus economías factores sustentables, ¿Cómo? Legislando conjuntamente candados a las inversiones golondrinas, regulando los movimientos excesivos de capital, normalizando el sistema financiero; permitiendo su flexibilidad y evitando el libertinaje económico.

A veces olvidamos que la economía es justamente una ciencia inventada por el hombre; que el nerviosismo de los mercados, no es otra cosa que la incertidumbre de los magnates del capital, por eso es que parece que la economía y el sistema financiero tienen sentimientos o sensaciones, porque es el impulso, el raciocinio, la ecuación costo-beneficio la que mueve a los mercados.

Quienes elaboran las políticas públicas en materia económica deben hacerlo bajo una perspectiva integral; no pueden darse el lujo de dejar de ver la variable social, el momento político del país, las condiciones de los mercados y lo más importante la legislación en materia financiera, todos estos elementos ayudan a generar una respuesta más completa para las crisis y desajustes económicos, ignorarlos es sinónimos de atraso, pasarlos por alto señal de parcialidad, tomar medidas drásticas es dirigir los costos enérgicamente hacia la ciudadanía.

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