Galán: el 18-A

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Conversé por última vez con Galán pocos días antes de su asesinato, en el Club Campestre de Medellín durante un almuerzo en el cual se formalizó la adhesión a su campaña del dirigente antioqueño, Federico Estrada Vélez.

Aunque ya todo el país temía por la vida del candidato, muchos manteníamos una esperanza ciega de que nada le ocurriría, quizás pensando que no se atreverían a asesinarlo por lo obvio de sus posibles verdugos, y porque confiábamos en los esquemas de seguridad del Gobierno de entonces, también avisado del peligro que corría el próximo presidente.

Sin embargo, una hora después del mencionado evento, cuando se dirigía a dar una charla en la Universidad de Medellín al suroccidente de la ciudad, una vecina residente en la ruta del candidato le salvó la vida al denunciar a la Policía movimientos extraños en un lote baldío cerca a su casa: iban a destrozar a Galán con un rocket.

Desde ese momento me dije que el destino estaba jugado, y que Pablo Escobar y sus secuaces ya le tenían montaba a Galán una cacería que tarde que temprano tendría éxito. Quien más seguro estaba de ello era el propio líder, y aunque en las pocas entrevistas que luego dio su rostro y su voz mostraban una mezcla de tristeza con fatalidad nueva en él, Galán sabía que tenía que seguir su rumbo como ser humano y como dirigente.

Él mismo había anunciado públicamente cuánto dinero pusieron a su cabeza. En fin, nadie en Colombia duda que era una muerte anunciada, pero a muchos nos quedaba la esperanza.

Y un 18 de agosto, hace 22 años el jueves anterior, simple y sencillamente lo cazaron, facilito, frente a cientos de personas presentes y frente a miles en la televisión. Estoy seguro de que en ese momento le cambió el rumbo a Colombia. El país tomó un camino que, esto lo más triste, aún sigue recorriendo 22 años después.

Es que se trató de eso, no fue -ni es aún- sólo el dolor por el jefe político, el amigo, el padre, el esposo, el hijo, el hermano o el conciudadano asesinado, que bastante era y es esa pena, no. Con esa muerte todo un país quedaba notificado sobre quiénes, vigentes en ese momento o por venir, seguirían con las riendas del poder, y cuáles serían las leyes y condiciones para todo lo vivo o inerte que se moviera o permaneciera en Colombia.

Pese a ello, muchos colombianos intentamos seguir por la ruta ya solitaria que Galán había trazado, algunos logramos -hasta ahora, eso hay que decirlo en Colombia- sobrevivir, y centenares han caído bajo la misma violencia arropada por diferentes trajes y motivos pero con igual tenor, combustible y reglas.

Otros simplemente se han dejado llevar por la corriente, sin remar a favor pero tampoco en contra, sometidos a la vida fácil de no ver, oír, decir ni cambiar nada mientras se beneficien de esa situación. Bueno, según Wikipedia como "legado" de Galán en Colombia llevan su nombre un auditorio, una avenida, cinco barrios, tres colegios, una competencia ciclística, un consultorio jurídico, una emisora, una E.S.E. (en liquidación) sic, una escuela, un estadio, siete colegios, una medalla, una plaza, un velódromo y casi el aeropuerto de la capital.

No me queda duda de que toda la vergüenza que nos pasa hoy en el país: corrupción, guerrilla (que captó la oportunidad para nutrirse), paramilitarismo, Bacrim, por supuesto narcotráfico y, en general el desprecio por los medios para conseguir los fines, entró en sociedad formalmente en Colombia un 18 de agosto hace 22 años. Ese día muchos percibimos, y lo seguimos corroborando hoy, que Colombia definitivamente había tomado el camino oscuro. No era necesario "refundar la patria" luego.

Ese día se protocolizó el nuevo orden. Fue el acto terrorista base y crucial. Fue el 18 de agosto de 1989, nuestro 18-A.

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