Miedo, libertad y democracia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Carvajalino Slaghekke

Alberto Carvajalino Slaghekke

Columna: El Arpa y la Sombra

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Resulta muy preocupante que el debate electoral de la ciudad de Santa Marta esté enmarcado en medio de amenazas a dos de los candidatos inscritos a la Alcaldía.

Esas artimañas están destinadas a generar miedo, zozobra y angustia en el candidato, sus seres queridos y en su círculo más íntimo. Están diseñadas para marcar con la fatalidad posible a un hombre que esgrime ideas de manera soberana como ciudadano de un país que se precia de enmarcarse en el Estado Social de Derecho.

Cuando amenazan a un candidato, los cobardes extienden un manto de oscuridad sobre la sociedad en general. Con la generación del miedo y la zozobra, doblegaron y silenciaron muchas voces, otros optaron por doblegarse en su moral y ética y abdicaron su dignidad.

Cuando una sociedad está presa del miedo su libertad desaparece. El miedo en este territorio fue la materia prima con la cual los violentos acorralaron a la gente de bien, pero con mayor saña a los más humildes.

Ello explica la magnitud del desarraigo violento en este territorio y su carácter selectivo, en donde impusieron su ley a sangre y fuego.En esa misma dimensión de lo social, no existen derechos civiles en medio del miedo que producen las amenazas. Ellas coartan la palabra y las acciones, resquebrajan la libertad y generan una inercia y un vacío de ideas y acciones que son una afrenta y una burla a la democracia ya que facilitan el actuar de los mediocres y la continuidad de un statu quo que converge en la pobreza y en la cercenación de un futuro mejor a la sociedad.

Los dictadores y su herencia de pobreza son el ejemplo más directo en esa relación de causalidad. Por ello, pensar que existe democracia en medio de las amenazas y el miedo es estúpido, ya que en ese escenario asistiremos a una representación burlesca de la misma.

Estoy convencido de que quien profiere amenazas mortales desde el anonimato es alguien débil en ideas y carácter y contrarresta esa falencia con la fuerza de los hechos violentos y sus amenazas son el preámbulo de las crónicas anunciadas. A esas personas sólo les asiste el derecho de las bestias: la fuerza bruta.

Es una fuerza bruta demencial sin la dignidad de los verdaderos animales ya que ni siquiera beben del significado que enaltece a aquellos: la nobleza. Para ellos, las ideas son una afrenta y son amigos por tanto de los calificativos que condenan a muerte al que piensa en términos del bienestar del colectivo o al que sencillamente piensa y lo hace de manera diferente.

La democracia desde hace rato viene herida de muerte en este territorio y hoy la jaquean nuevamente. La sociedad como un todo deberá elegir entre los candidatos inscritos. Cada uno de ellos arrastra tras de sí su historia y se presenta con sus ideas y propuestas a una sociedad de contradicciones y frustraciones históricas, pero a su vez es reflejo de la misma sociedad a la que aspira a dirigir. Sólo aquel que es capaz de trascender ese reflejo en sus acciones y palabras es el que posibilita romper los círculos de frustración social y posibilita el acceder a un futuro mejor y para ello se requiere una profunda convicción llena de humanidad y valentía. Es tarea del ciudadano descubrir aquel que posea esa cualidad.

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