Inventos latinoamericanos

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Mientras usted ve su televisor a color, habla por su celular, toma un bolígrafo y escribe sobre un papel.
Esta escena cotidiana es de origen marcadamente latinoamericano; está usted utilizando tecnologías ideadas o creadas en esta parte del mundo. América Latina está demasiado rezagada en materia de desarrollo científico y tecnológico, y sigue en franco retroceso. Pocos gobiernos regionales invierten realmente en educación, ciencia, tecnología e investigación; estamos muy lejos de los BRIC, para no mencionar a Europa, Asia y Norteamérica. No obstante, gracias a la iniciativa individual y algunas pocas colectivas, hay magníficos e importantes aportes latinoamericanos a cotidianidad y a la ciencia élite. Pocos los conocen.

En 1900, Roberto Landel de Moura, un sacerdote brasilero, efectuó en Sao Paulo la transmisión de la voz humana a más de 8 kilómetros sin necesidad de alambrado. Previamente, Antonio Meucci, un florentino radicado en Nueva York, había inventado el teléfono, patentado por el avivato Graham Bell. El cura Landel registró su innovación en Brasil y Estados Unidos, además de un transmisor de onda y un telégrafo inalámbrico. Nunca obtuvo apoyo del gobierno brasileño y falleció sin ver sus desarrollos en uso. Empero, gracias a sus ideas, se logró la transmisión de ondas continúas utilizando la luz y la fibra óptica, en la cual se basó el desarrollo de la televisión. Guillermo González Camarena, ingeniero mexicano, patentó en 1940 un sistema tricromático para transmitir televisión a color, el cual se implementó en 1945 en su país; el inventor exigió que el primer canal a color estuviera dirigido a los niños. Rechazó una oferta estadounidense para invertir en su invento.

Muchos científicos consideran que el brasileño Alberto Santos Dumont, (París, 1906), fue el primero en realizar el despegue de un avión en un circuito preestablecido, autopropulsado, en condiciones controladas y con presencia de especialistas, periodistas y testigos, vuelo distinto al azaroso de los hermanos Wright. Bastantes eruditos lo consideran el padre de la aviación. Las naves espaciales, atribuidas comúnmente a los alemanes, soviéticos y estadounidenses, se basan en los estudios del peruano Pedro Paulet, creador del motor a combustible líquido a principios del siglo XX; desarrolló también un sistema de cohetes a propulsión. Los viajes espaciales han sido fuente fecunda de muchísimas invenciones útiles, como los LED, Lada Tracker (láser para cirugía ocular), los marcapasos con telemetría bidireccional y los lentes actuales para gafas, entre otros. Un costarricense, Franklin Chang, es una figura cimera de la carrera espacial. Produjo un cohete espacial con un sistema nuevo de propulsión con motores de plasma; su empresa trabaja con la NASA en la exploración espacial. Naturalmente, en los Estados Unidos consiguió financiación muy fácil y rápidamente.

Víctor Ochoa, mexicano, desarrolló los frenos eléctricos para los trenes en 1907. Otro desconocido inventor es el brasileño Hércules Florence, quien realizó una fotografía 3 años antes que Louis Daguerre. El húngaro nacionalizado argentino Lászlo Biró inventó el bolígrafo, conocido en el país austral como “birome”. Quizás, por aquello de la “letra de médico”, el galeno guatemalteco Luis Von Ahn desarrolló el código Captcha, tan de moda para evitar el spam. Y, hablando de médicos, el mexicano Luis Miramontes fue coinventor de la píldora anticonceptiva. El radiólogo argentino Julio Palmaz inventó el stent, dispositivo ampliamente utilizado para desobstruir las arterias coronarias. No basta con poner el huevo (inventar): hay que cacarear (hacerlo público, visible).

¿Y Colombia? El médico barranquillero Salomón Hakim creó la válvula para regular la presión intracraneana en pacientes con hidrocefalia. Es el invento colombiano de mayor repercusión: se colocan unos 100.000 dispositivos cada año. En Bogotá, el catalán cuasicolombiano José Ignacio Barraquer desarrolló la cirugía refractiva, una verdadera revolución de la oftalmología moderna. Naturalmente, otros inventos latinoamericanos conforman una lista enorme. Si nuestros gobiernos invirtieran en educación y fomentaran la ciencia, la investigación, la creatividad y el emprendimiento, nuestros jóvenes no estuvieran matándose entre sí. La guerra destruye todo, especialmente la posibilidad de crear y progresar.

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