El paro de hoy

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
Posiblemente, cuando este artículo vea la luz el jueves 21 de noviembre, ya el anunciado paro al Presidente Iván Duque sea una realidad inocultable, es decir, las calles lucirán vacías, el transporte transcurrirá lento y se respirará una “calma chicha” en el ambiente urbano y rural del territorio nacional.
O, por el contrario, todo será como el resto de los días, de fluida movilización de personas afanadas y acuciosas, tránsito congestionado y un rumor apenas enrarecido por el simple temor a que algo “raro pueda pasar”.
Las fuerzas enfrentadas en la acción de Paro Nacional, gobierno e inconformes, terminaron poniéndose de acuerdo en que “la protesta va pero de manera pacífica”. De un lado, el gobierno renunció a detener la protesta por improcedente y aceptó su “responsabilidad de oír las preocupaciones ciudadanas” y del otro lado, las organizaciones convocantes de alguna manera coinciden en denunciar y expulsar a los vándalos que intenten infiltrarse. Buen comienzo. Porque ambas dejan sin piso veladas intensiones y acusaciones que en nada contribuyen con el fortalecimiento de nuestra democracia.
Nos parecerá raro que las posiciones cambien tanto de un día para otro. Pero las circunstancias particulares de la Nación y la coyuntura internacional así lo imponen, obligándonos a rectificar, a ajustar y acordar nuevos caminos para la solución de nuestros conflictos internos. Pasó que como la paz en Colombia no ha fraguado y los enemigos institucionales e ilegales del proceso que se inició con la firma del Acuerdo de La Habana no dejan que avance, atravesándose al anhelo de los colombianos y, las explosiones sociales a modo de “alertas tempranas” en el vecindario andino con movilizaciones de larga resistencia le tienen los pelos de punta a los actores gubernamentales.
Claro que también juegan un papel preponderante las presiones que ejercen la OCDE y los Bancos Mundial e Interamericano para que se apliquen sus políticas neoliberales de desarrollo, que someten el crecimiento de la economía a las condiciones y estrategias de mercado, trazadas por los países ricos, que aprietan y asfixian a los pobladores locales que dejaron de ser productores para convertirse en consumidores rasos. Como se puede apreciar, es un asunto global que se manifiesta localmente en reformas y ajustes (laboral y pensional) que lesionan de manera enorme los intereses colectivos y los derechos ciudadanos.
La pregunta es, entonces: ¿Qué pasa si el Paro no deja lesionados, ni detenidos, ni desmanes ni violencia manifiesta sobre propiedad privada y bienes públicos? ¿Acaso por esto, perderá la protesta su capacidad de presionar la firma de pactos y negociaciones que interpreten y recojan el interés de las mayorías nacionales? Si todavía hoy no hemos visto los resultados del Paro ni la magnitud de las 48 marchas programadas y de las 26 concentraciones previstas y, las fuerzas del gobierno -una vez medido el impacto que la movilización de masas pudiera tener- ya comenzaron a revisar propuestas que agitaran unos días antes y a ofrecer “mesas de concertación”, mediante las cuales “buscarán construir alternativas para mejorar la calidad del empleo y la competitividad laboral”.
Dadas las nuevas posiciones de las fuerzas enfrentadas, hoy se espera una nutrida participación ciudadana en las marchas y concentraciones del Paro, que la gente saldrá masivamente a las calles a manifestar su descontento con el gobierno y a dejar bien en claro la necesidad de replantear la forma de gobernar, dándole cumplimiento a lo pactado y logrando acuerdos, como diría Álvaro Gómez Hurtado, sobre lo fundamental. De otro modo, habríamos repetido una vez más el engaño sobre un esfuerzo fallido de lograr la paz.
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