Las señales del Dane

Columnas de Opinión
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Las cifras macroeconómicas publicadas por el Dane esta semana muestran un importante crecimiento de nuestra economía con un alza del 3.3%, jalonado por los sectores de comercio (5.9%), administración pública (4.3%), financiero y seguros (8.2%).

El segundo grupo en crecimiento -en lo que va corrido del año-, son los sectores de actividades profesionales, científicas y técnicas con un al alza del 3.6%, las actividades inmobiliarias con una subida del 3.0% y el sector de suministro de electricidad, gas, vapor y aire acondicionado con el 2.9%. A poca distancia le siguen los sectores de explotación de minas y canteras, información y el de comunicaciones y actividades artísticas, con un crecimiento promedio del 2.5%.

El cuarto y último grupo, los que van en la cola del crecimiento de la economía en lo corrido del año, lo conforman el sector agropecuario (2.0%), la industria manufacturera (1.7%) y la construcción con una caída del -1.9%. En estos sectores el semáforo pasó de amarillo a rojo y toca mejorar los esfuerzos para recuperar su crecimiento en el 2020.

La caída del sector de la construcción cayó el -2.6% anual y el -1.9% en lo corrido de este año. Consulté a varios amigos ingenieros y constructores de las tres principales ciudades del país y me contaron que este desplome obedece a seis factores fundamentales: i) Dilatación en las aprobaciones de los nuevos POT en varias ciudades capitales del país. Ii) Atraso ocasionado por la Ley de garantías en la inversión pública regional. Iii) Alza del 4% en el precio del cemento. Iv) Impuesto adicional del 2% sobre inmuebles mayores a $900 millones. V) Exceso de trámites en las licencias de construcción y Vi) Parálisis de las concesiones viales por los líos jurídicos que dejó el escándalo de corrupción de Odebrecth.

Respecto al comportamiento del PIB del sector agropecuario, vemos una leve caída del -0.7% entre enero y septiembre de este año, respecto al mismo periodo del año pasado. En lo corrido del 2018, el PIB agropecuario alcanzó un alza del 2.7%, mientras que este año cayó al 2.0%, debido a la baja productividad del sector agrícola y ganadero, ocasionada por la avalancha de problemas fitosanitarios, la afectación del cambio climático (8 meses de sequía por el fenómeno de El Niño), el aumento de las importaciones de alimentos y materias primas subsidiadas (2.3%) y la frenada de la inversión por bajo financiamiento, inseguridad jurídica sobre la propiedad rural y la demora en la expedición del Decreto reglamentario de exención de impuestos para inversiones nuevas en el sector agropecuario, que otorgó la Ley de Financiamiento. Todos completamente solucionables.

Como lo dije en una anterior columna, el acertado manejo de la política fiscal, la inflación controlada y el buen clima de inversión extranjera, son señales de que el gobierno va por el camino correcto. Falta ajustar un par de temas estratégicos en materia de política agroindustrial y de infraestructura, y el presidente Duque logra poner al país a crecer por encima del 5% anual, en los próximos años.

Como dijo un parroquiano en mi tierra “Los que van adelante no van lejos, si los de atrás se apuran”.

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