¿Balas perdidas?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alvaro González Uribe

Alvaro González Uribe

Columna: El Taller de Aureliano

Web: http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Si vamos a eso, no solo las perdidas son las balas. También hay granadas perdidas, cilindros bombas perdidos, minas antipersonales perdidas, carros bombas perdidos, motoserrazos perdidos, violaciones perdidas, abusos de autoridad perdidos, estafas perdidas, secuestros perdidos, peculados perdidos, montajes perdidos, vacunas perdidas, gobiernos perdidos y decenas de atropellos perdidos.

Es que esas balas se llaman perdidas porque dicen los medios y las autoridades que no van dirigidas a la persona que las encuentra sino a otra, o dizque porque no van orientadas a ninguna persona ya que salen a dar un paseo por ahí.

Por eso dicen que las balas son perdidas, porque salen escupidas de cualquier cañón a vagar sin rumbo por el aire colombiano a ver quién se les interpone en su ruta veloz para rasgarle la piel y después sus órganos y después el sosiego y la alegría de quienes lo quieren; o porque salen con nombre propio pero otro nombre propio se interpone en su camino; o porque salen sólo a estirar las piernas sin rumbo en cualquier parte y encuentran a alguien que sin querer ni saber les da un destino en su cuerpo. Sea lo que fuere, cumplen puntualmente su cita a ciegas o prevista con la víctima.

(Para que lleguen a todas partes y sin discriminación alguna, y sean contundentes y precisas ¿por qué mejor no hay cartillas perdidas, medicinas perdidas, comida perdida, viviendas perdidas, ropa perdida, empleos perdidos, pensiones perdidas, paz perdida y felicidad perdida?)

Yo sé: es que se trata de la violencia perdida, de una violencia que sale de cualquier parte a herir, a matar, a desaparecer, a despojar, a desplazar, a robar, a violar, a obligar a votar o a no votar, a arrollar en calles y carreteras, a injuriar, a romper derechos.

Es perdida, claro, perdida por donde se le mire, perdida por muchas razones: porque es una modalidad de violencia indiscriminada, sorda, ciega, muda "sin-mediar-palabra", eso: una violencia sin sentido. Una violencia porque-sí; porque en últimas todo lo conseguido por la violencia es perdido.

Las balas circulan, toman el sol o el fresco; las balas salen de una casa y se suben a un bus, a una moto o toman un taxi. Navegan raudas encima de calles y aceras, a veces doblan esquinas y hasta respetan los semáforos, cazan en los bosques, ¡en los bosques de caperucita roja!, juegan veloces en los parques, ¡en los parques infantiles!, es que paradójicamente aciertan más en los blancos pequeños cuando se supone que a mayor volumen y extensión es menos difícil errar, como se comprobó una vez más con Valentina de seis años quien murió el lunes pasado en Medellín porque la encontró una "bala perdida".

Las balas salen cualquier día y a cualquier hora y pagan un boleto cualquiera para entrar a cualquier parte y terminan su rumbo en cualquier ser humano.

Entran a cualquier sitio porque no tienen lugar vedado: entran a un colegio, a una guardería, a una casa de familia, a un banco, a un carro, hasta a un avión han entrado.

Pero entonces es que el problema -la tragedia- no son las balas perdidas en sí, ni son las decenas de objetos contundentes, afilados y dentados perdidos que encuentran vidas y las vuelven perdidas, no.

Y tampoco el problema -la tragedia- es esa violencia perdida durante 500 años, no: El problema -la tragedia histórica- somos millones de colombianos perdidos, deambulando como zombis, buscando un destino, errando en un paraíso perdido.

Eso: el problema es un país perdido, es Colombia como nación perdida desde hace 201 años. Perdida, qué digo, no es perdida porque no se puede perder quien nunca ha tenido un rumbo; no se extravía lo que nunca ha tenido sitio ni destino ni sendero. ¡Ay Valentina!, ¡Ay Valentinas y Valentinas! ¡Ay Colombialma!

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