Democracia, es solo un medio?

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Escrito por:

Veruzka Aarón Torregrosa

Veruzka Aarón Torregrosa

Columna: Opinión

e-mail: veruzkaaaron.t@gmail.com

Durante los últimos meses hemos visto a través de medios de comunicación, las intensas protestas en algunos países vecinos, esto con el fin de reclamar la aplicación de reformas sociales, políticas y económicas, que sus poblaciones  consideran determinantes para la calidad de vida y estabilidad institucional de sus países. Venezuela, Ecuador, Chile y Bolivia, han sido los epicentros de congregación más convulsionados.

A pesar de que las situaciones internas de cada uno de estos países difieren, lo cierto es que demuestran tener el común denominador de la insatisfacción social frente a sus instituciones políticas.

Esta ola de movilizaciones que algunos denominan como la “Primavera de Latinoamérica”, al  compararlas con el estallido de manifestaciones  que se produjeron en el mundo árabe entre los años 2010 y 2013. Estas últimas han sido de gran referencia en el nivel internacional, no solo por el significativo descontento de la población, sino por la gran influencia que alcanzaron las redes sociales como medios de información y de convocatoria para la ciudadanía. Por cuenta de estas tendencias internacionales de presión social y sus efectos  en distintos regímenes, la ciudadanía global ha empezado a replantear su rol frente al control político, y a partir de ello, su determinación está centrada en hacer valer sus derechos y reivindicaciones socioeconómicas.

Pese a lo anterior, algunos gobernantes sin distingo de ideologías dan muestras de no ubicarse en el tiempo y tipo sociedad que representan. Es así como muchos de ellos, luego de acceder al poder, y con el fin de atornillarse en éste, optan por impugnar los principios morales y políticos que abanderaron en su ascenso, aunque esto implique ir en contravía de los intereses colectivos y en especial del sistema político que presiden.

El caso de Bolivia es el ejemplo más reciente. Evos Morales, después de hacer una muy buena gestión pública y de permanecer casi 14 años en el poder, se resistía a abandonar la Presidencia.   Por cuenta de esto, manipuló las leyes de su país con el fin de hacerse reelegir, pese a que esto último significó la polarización social en el territorio. Generalmente, las ansias de algunos gobernantes por permanecer en el poder,  derivan en casos corrupción y arbitrariedades que tarde o temprano desatan el descontento de los pueblos. Una vez se abre esa puerta, ya no se sabe cómo, cuándo ni a qué costo se cierra.

En el caso de Bolivia, como el de cualquier otro país que se proclame democrático, las sociedades deben sopesar; si los resultados de la coyuntura socioeconómica producto de la gestión pública  de los gobernantes,  son suficientes para permitir el manoseo  de los sistemas políticos y  sus reglas de juego.

Como sociedad y Estado debemos  tener claro, si la Democracia  tan solo es un  medio que utilizan los gobernantes para llegar al poder, y a la que más tarde,  por la vía de la cortés manipulación de leyes pueden ajustar para favorecer sus intereses políticos particulares, y en muchos casos, los intereses económicos de sus aliados. O es la Democracia un fin, en el que sin pretender la rigidez de las reglas, el sistema político brinde transparencia y garantías  para todos los que participan de ella.

Para bien o para mal, las sociedades comienzan a florecer políticamente, y esto brinda la esperanza de que los líderes y gobernantes, bien sean de derecha o de izquierda, o de la ideología que prefieran profesar, vean disminuido el poder discrecional para imponer sus intereses particulares.

Lo anterior sin embargo, no va en detrimento de que  la sociedad en conjunto, -medios, academia, gremios y organizaciones civiles-, a partir de sus roles y sus conocimientos generen alertas tempranas en procura de contribuir para que los gobernantes reorienten oportunamente la vía de sus gestiones y actuaciones, y sea este el principal cambio para evitar en lo posible las legítimas protestas.

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