Ataque a las Farc y el DIH

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Escrito por:

Rafael Nieto Loaiza

Rafael Nieto Loaiza

Columna: Opinión

e-mail: rafaelnietoloaiza@yahoo.com

Un objetivo militar, a la luz del DIH, “es un bien que por su naturaleza, ubicación, finalidad o utilización, contribuya eficazmente a la acción militar y cuya destrucción total o parcial, captura o neutralización ofrezca una ventaja militar definida”.

El DIH establece que los bienes y personas civiles que se encuentren en un objetivo militar corren la suerte del objetivo y el ataque, en principio, sigue siendo justificado, aún si se afectan esos bienes y personas, de acuerdo con la ventaja militar concreta que se obtenga. Un cuartel o un campamento guerrillero son, por definición, objetivos militares.

 Combatiente es todo aquel que, sin importar su género o edad, participa directamente en las hostilidades. Una persona civil no es un combatiente y debe ser protegido, pero si un civil, sin importar su género o su edad, participa en las hostilidades, pierde su calidad y pasa a ser un blanco legítimo.

 Para el DIH es lícito que en un ataque a un objetivo militar puedan afectarse personas o bienes civiles (lo que los norteamericanos llaman “daños colaterales”). Por un lado, entiende que es imposible asegurar que tales afectaciones no se produzcan. Por el otro, porque esas afectaciones, aunque indeseables, son tolerables siempre que en las operaciones militares se hayan respetado unos principios básicos. El primero de ellos, distinguir entre objetivos militares y bienes civiles y entre quienes participan en las hostilidades y la población civil. Otro, el de precaución, establece el deber de tomar las medidas para no atacar directamente población y bienes civiles, de no realizar ataques indiscriminados y de procurar, en la medida de lo posible, no afectar a la población civil.

 Además, el DIH establece la prohibición de utilizar a la población civil y sus bienes para disimular y poner a salvo de ataques los objetivos militares o para facilitar operaciones militares, de usar a los civiles como “escudos humanos” y de no distinguirse de las personas civiles con miras a confundir al contrario. Finalmente, establece la prohibición de no reclutar menores de quince años. Son crímenes de guerra.

 El bombardeo al campamento de las “disidencias” de las Farc fue absolutamente lícito a la luz del DIH, la Constitución y la ley. Se dirigió contra un clásico objetivo militar y, por tanto, respetó el principio de distinción. Respetó el principio de precaución: no se atacó directamente a la población civil y no fue indiscriminado. Finalmente, porque el medio usado es lícito.

 Si en el campamento subversivo había civiles, estos corren la suerte del objetivo. Si en el campamento había menores, la responsabilidad es de quienes los reclutaron. En ambos casos hay una tragedia, para ellos y sus familias, pero la responsabilidad no es de la Fuerza Pública sino de quienes introdujeron a los civiles o reclutaron a los menores.

 Sí, los menores que murieron en el bombardeo son víctimas, pero no de la acción lícita y legítima del Estado, sino de los subversivos. Y no, no es posible exigirle a la Fuerza Pública que establezca antes de una operación contra un objetivo militar que ninguna de las personas que están en el mismo es un civil o que no hay menores de edad. No solo no lo exige el DIH que, como dije, establece que bienes y personas civiles dentro de un objetivo militar siguen su suerte, y reconoce que hay menores que participan en las hostilidades, sino que es una petición imposible. No hay forma de que la Fuerza Pública haga esa tarea ni siquiera a través de una infiltración que puede durar años para conseguirse y que, con frecuencia, no tiene éxito.

 No tengo duda de que pedir que no haya ataques aéreos de campamentos guerrilleros sin establecer antes que no haya civiles o menores solo tiene dos efectos, ambos negativos: incrementará el reclutamiento de menores y afectará la seguridad de todos los colombianos porque hará inútil la única ventaja que tiene hoy el Estado contra los grupos armados organizados: su superioridad aérea.

Era uno de los objetivos del debate contra el Ministro. El otro, hacer al gobierno Duque rehén del Congreso. Lo están logrando.

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