Magdalena rendido a los pies de la utopía caiceidista

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El lunes 28 de octubre el Magdalena entero despertó lleno de júbilo y esperanza como consecuencia del resultado electoral. Yo me uno al alborozo de mis coterráneos porque como ellos también huelo, palpo e intuyo que la utopía caicedista será una realidad para todos de la mano del mismísimo Caicedo y de su pupila Virna. Nos dejarán anonadados.

En cuatro años, los samarios tendremos agua potable hasta para botar por los próximos cincuenta años. Tendremos una ciudad sin huecos, sin problemas de movilidad, sin alcantarillas rebosadas, sin desempleo informal, con empresas haciendo fila y rogando para entrar en Santa Marta. El Magdalena tendrá el mejor servicio de salud del mundo, nuestros niños y jóvenes serán los más preparados de Latinoamérica. Me sueño caminando por el malecón de El Rodadero o el de la Bahía, impecables, paraísos soñados que serán la envidia de este mundo y los venideros. No sabremos qué hacer con tantos turistas internacionales. Adios a la probreza, la ignorancia y bienvenida sea la nueva Torre de Babel. Oui, oui a la fraternite.

Caminaremos por el centro de la ciudad, sin vendedores ambulantes, ya que todos serán absorbidos por la pujante y vibrante economía local. No habrá desempleo. Como en las épocas de antes, no viviremos en las jaulas en que vivimos hoy para protegernos de los delincuentes; nos sentaremos sin temor en la terraza exterior de la casa a conversar y a echar mecedora; creo que hasta podremos dormir con la puerta abierta de par en par. Los parques de la ciudad serán uno más bello que el otro.

En cuatro años no habrá mototaxistas ni muertos a destiempo. Todos moriremos de viejos y con una sonrisa a flor de piel como testimonio irrefutable de haber vivido en el paraíso. Liquidaremos a la Policía ya que no será necesaria.

Caicedo nos llenará de doctores de verdad verdad. Porque si hay alguien que sabe de educación, es él. Nos inundaremos de pelaos cachacos pidiendo pista en nuestras universidades y colegios públicos. Y para ponerle la cereza al pastel, la educación será totalmente gratuita. Nos visitarán de Harvard, de la China y la Conchinchina para copiarse el modelo de desarrollo. Y al que quiera más, que le piquen caña a ritmo de mapalé.

Viajaremos por el departamento por autopistas maravillosas, y veremos cómo los pequeños campesinos, los que no quisieron ser doctores por supuesto, sacarán sus productos sin ningún problema en tracto mulas modernas y ecológicas. Nos invadirán los extraterrestres, es decir, nos llenaremos de frondios platillos voladores también conocidos como megabibliotecas de Charlie…y habrá parques, muchos parques y muchos puestos de salud.

En la utopía caicedista, la educación de alta calidad y la salud no serán lo único gratuito. Se le regalará un computador y una tablet a cada pelao. También serán desparasitados semestralmente. El wifi será gratis y universal. Y el PAE será la envidia del subdesarrollo: dos golpes debidamente balanceados y nutritivos.

Finalmente, tendremos por todo el departamento escenarios deportivos aptos para competencias de alto nivel. El Sierra Nevada será ampliado y mejorado, tendrá pantallas gigantes, bares y restaurantes y dará albergue a treinta y cinco mil fanáticos del Unión Magdalena, que gritaremos a rabiar celebrando la segunda estrella, y las muchas que vendrán después. El Sierra Nevada será escenario de la final Unión Magdalena-Barcelona o Real Madrid.

Seremos una sociedad tan rica y pujante, que nuestros jóvenes bailarán reguetón quemando dólares y euros. De pronto hasta le ponen aire acondicionado a toda Santa Marta porque ellos son capaces de acabar con todo… hasta con el calor. Gracias Carlitos, gracias Virnita.

Dicen que no hay felicidad completa. Ahora falta que la justicia, que de pronto deja de cojear, nos deje como las novias de Barranca, y decida inhabilitar a alguno de los dos o a los dos. Despertaré en cuatro años y el mototaxista seguirá allí.
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