La ingrata tarea de gerenciar quiebras

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

No sorprende lo sucedido en Ecuador, Perú, Argentina y Chile. Es el resultado de la confluencia de varios factores. Unos endógenos, otros exógenos, unos inmediatos y otros de vieja data y estructurales.

El factor exógeno más relevante es la desaceleración de la economía mundial, que incluye la descolgada de los precios del petróleo y la menor compra de otros insumos primarios. Esto ha afectado gravemente las arcas de las naciones en vía de desarrollo que dependen de los precios de los productos minero-energéticos o de exportar materias primas o ambas cosas. El precio del petróleo ha caído en un 60% aproximadamente desde su máximo en 2014.

Demos una mirada a los factores endógenos. La crisis socio-económica y política en América Latina se gesta a partir del 2014. Antes de esta fecha, y por una década, Latinoamérica vivió el boom de las materias primas. Con base en esa bonanza se diseñaron políticas públicas, que de la mano del asistencialismo, impactaron favorablemente los índices de pobreza de la región. La bonanza no se invirtió en transformar estructuralmente las economías, o se invirtió en modernización sin desarrollo con alto endeudamiento externo.

Acabada la bonanza, esas políticas públicas se hicieron inviables financieramente y se da un retroceso social, cayendo nuevamente sectores de la población en la pobreza, pero ya se les había creado otras expectativas. Los logros en la lucha contra la pobreza fueron en su mayoría ficticios porque dependían de una bonanza que no podía ser eterna. Adicionalmente, la competitividad global de la mano de obra local se ha querido mantener a expensas de bajar salarios y costos de contratación, sacrificando así a la clase media y en general ahondando la brecha socio-económica.

La izquierda, que fue la dueña de la bonanza, dejó las economías en ruinas y en cuidados intensivos, y es entonces cuando se da el giro a la derecha en algunos países. Los ajustes urgentes y necesarios han hecho más difícil la situación de amplios sectores sociales que ya la estaban pasando mal. No es que las medidas tomadas por Lenin, Piñera y Macri sean equivocadas sino que no han estado sintonizadas con el dolor de su pueblo. El problema no ha sido el qué sino el cómo. La frialdad tecnocrática desprovista de toda consideración por el impacto social ha sido también un detonante de lo que está sucediendo. Tal vez, la derecha debería evitar suceder a los gobiernos de izquierda porque mientras este sea el caso, la derecha siempre será la mala del paseo. La izquierda gasta sin control y no invierte inteligentemente, y a la derecha le toca pagar.

La hora difícil exige grandes sacrificios que pocos están dispuestos a hacer. Los sacrificios que hoy demandan los gobiernos a veces son percibidos como injustificables e inmorales a la luz de los muchos escándalos de corrupción que salpican a esos mismos gobiernos. La premisa, justificada en mi opinión, es que antes de crear o subir impuestos, antes que pedir sacrificios a los pobres y a la clase media, se debe acabar con la corrupción.

El panorama global no luce despejado y las cifras de crecimiento de la región están muy por debajo de la tasa de crecimiento sostenida en el tiempo de 6% que se estima es la adecuada para resolver efectivamente los problemas sociales. No es fácil revertir las políticas asistencialistas que son vistas como grandes conquistas sociales, así que es de esperarse que el descontento social en la región sea creciente sin importar si los gobiernos son de izquierda o de derecha.

Dejamos atrás una década perdida y despilfarrada en excesos asistencialistas o modernizaciones inocuas o ambas; no invertimos en hacer nuestras economías estructuralmente más competitivas, mucho más diversificadas y mucho menos dependientes de las materias primas.

Tristemente, no hemos avanzado sino retrocedido y no nos queda más que esperar a que se produzca otra nueva bonanza y que esta vez sí se invierta inteligentemente.
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