Amores diferentes

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Escrito por:

Luis Tabares Agudelo

Luis Tabares Agudelo

Columna: Opinión

e-mail: tabaresluis@coruniamericana.edu.co
Viendo el partido de la despedida de Ronaldinho por televisión en casa con mi hijo Simón de 14 años, vivimos juntos las emociones de un excelente partido. No por jugadas magistrales sino por ver a mis ídolos que llevo en el corazón.

Aunque cuando súper René se retiró, Simón tenía 3 añitos, sabía que hizo una jugada llamada el escorpión en un templo del país donde nació el fútbol. Ha visto esta jugada en la red y hasta en comerciales de televisión.

Pero, ahora que lo vio jugar el primer tiempo en el amistoso despidiendo a este monstruo del fútbol y lo vio salir en varias oportunidades como arquero líbero, se emocionó, pero luego me hace una pregunta que me hizo retroceder en el tiempo: Pa, ¿y, no sufrían mucho con ese tipo de arquero?
Sufrimos, pero igual también disfrutamos las locuras del loco super René. Tal vez le perdoné más rápido su locura en el mundial de Italia 90 en el partido contra Camerún por ser hincha de atlético Nacional.

Yo de verdad soy un hincha medio raro. En la casa somos todos hinchas del Verde por la influencia que yo como padre les he dado desde que eran niños. El fútbol es una pasión, y creo que son amores diferentes: es un amor el que siento por la selección Colombia y otro muy diferente el que siento por Atlético Nacional.

La selección la amo con el corazón, pero es más fácil perdonarle. Ambos amores me hacen erizar cuando en el Metropolitano sale la selección o en el Atanasio sale mi Nacional del alma.

Por allá muy adentro de mi corazón le hago fuerza al DIM para que no quede por fuera de los mejores ocho de la final del futbol colombiano. Como paso las vacaciones de fin de año en Medellín, la ciudad se ve más bonita desbordando alegría cuando ambos equipos están en los cuadrangulares finales. Además, la economía se activa. Por eso digo que soy un hincha medio raro.

Me pregunta por ese jugadorazo llamado Aristizábal. Se emociona cuando le cuento que cuando jugó en Brasil quedó de goleador en el país de los mejores del mundo. Y que creo que se retiró antes tiempo. Pudimos haberlo disfrutado otros tres años.

Como aficionado del futbol de la vieja guardia, soy de los que creen en un rey absoluto. Considero que no hay otro más espectacular que el rey Pelé.
Por lo anterior se me vino a la memoria -y procedo a contarle a Simón mientras seguíamos viendo el partido- el amistoso entre la Selección Colombia y el Santos del Brasil con el rey como jugador.

Fue una noche en el mismo estadio el Campin cuando se enfrentaron y se presentó uno de los hechos más insólitos de la historia del futbol. El estadio estaba repleto, tenía más de 50 mil espectadores. En el minuto 35 del primer tiempo en una jugada de penal contra Pelé, el árbitro no lo dio. Y el rey vio la tarjeta roja por reclamar en forma airada. Se armó la de Troya, los hinchas habían pagado una boleta muy cara para ver a la selección Colombia,

pero más para ver al monarca del futbol mundial. Fue tanto el agite que el Rey Pelé tuvo que volver a ingresar a la cancha a seguir jugando. Mejor cambiaron al árbitro.

Al árbitro Guillermo Velásquez algún tiempo después en entrevista para los medios de comunicación le preguntaron por qué había expulsado al rey Pelé. Manifestó que le “había mentado la madre”. Un periodista acuoso en contra pregunta le dice: ¡pero cómo, si el rey habla portugués! Me la pueden mentar en mandarín, sueco, árabe, portugués o inglés. “es el tonito”.
Adiós Ronaldinho, siempre te vamos a extrañar.

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