Navegar en medio de la tormenta

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

En el frente económico las noticias no son buenas para el país según el último informe del DANE. Para empeorar el panorama, la Ley de Financiamiento está en veremos, el dólar coquetea con los $3.500 y la deuda externa ha alcanzado niveles preocupantes.

Que las exportaciones cayeran no debería ser sorpresa porque el sector minero-energético tiene un peso bastante grande en nuestra canasta exportadora, así que cuando baja la demanda por estos o bajan los precios, el país deja de recibir importantes ingresos. Lo cual dicho de paso afecta el precio del dólar porque al vender menos productos minero-energéticos dejamos de recibir dólares, entonces hay menos dólares circulando y se aprecia el valor de este.

El tema más sensible es el desempleo, el cual llegó a 10.8% en agosto, representando un aumento del 1.6% con respecto al mismo mes de 2018. En Santa Marta la cifra es muy superior y está por encima del 13%. Valga anotar que Santa Marta es desde hace algún tiempo una de las ciudades capitales con mayor tasa de desempleo del país.
El gobierno está en lo cierto cuando afirma que los problemas que estamos viviendo no son creación de este gobierno. Son problemas estructurales que se han ido creando por décadas y que no se resuelven de la noche a la mañana.

El panorama externo agrava exponencialmente los problemas estructurales de que adolece la economía y por eso estamos en una noche oscura. Los mercados todos se mueven con base en riesgos; o sea, certeza e incertidumbre. Cuando hay certeza, o poca variabilidad o capacidad de predecir, el mercado tiene un comportamiento previsible y estable y es en este escenario que los inversionistas, empresarios y consumidores abren la billetera. Pero si el panorama es incierto, entonces la billetera se cierra. La guerra arancelaria que amenaza por involucrar a las economías que más pesan en el comercio mundial es la gran incógnita, y se cierne en el horizonte la pregunta de si estamos próximos a una recesión y que tan profunda.

Los indicadores más certeros del estado de la economía son movimiento de carga o transporte y la demanda por energía, y la demanda por ambos ha caído a nivel global. Le explicación es simple: si se producen menos bienes, no se necesita tanta energía ni hay tantos bienes para transportar.

Las oportunidades que se le abren al país por cuenta de un dólar caro o peso barato son pocas, ya que la cadena de suministros de muchos de los bienes que producimos requieren importaciones –las cuales son más costosas- entonces al final el producto final tiene poca ventaja competitiva en lo referente al precio.

¿Qué hacer? Lo primero es que el gobierno tiene que dar señales claras de que entiende el nudo gordiano en el que estamos metidos, y tiene que articular una visión estratégica realista y con líneas de acción claras que le den confianza a los productores y consumidores. El gobierno debe enfocarse en aquello que puede controlar.

No podemos hacer nada con respecto al panorama externo. Insisto que la idea de la economía naranja no se compadece con la tormenta que estamos atravesando ni con la transformación productiva que necesita el país. Tampoco ayudan mucho, ideas idiotas como tres días sin IVA. La mejor forma de reactivar el consumo es crear empleo. La idea del IVA proyecta una imagen negativa, entre otras cosas porque podría tener efectos no deseados y totalmente contrarios a los buscados.

Propone el presidente que se gasten las regalías en las regiones para salir sobrevivir el chaparrón. Sin embargo, estamos en ley de garantías y una vez posesionados los nuevos gobernantes locales, les toma un año, y hasta más, comenzar a ejecutar recursos. La curva de aprendizaje normal. Entendiendo esta dinámica normal, quizás el gobierno nacional debería tomar la iniciativa e identificar proyectos para sugerirles a los mandatarios locales recién posesionados, y darles una solución llave en mano para que comiencen a ejecutar inmediatamente.

La demora en inyectarle recursos a la economía es altamente perjudicial y podría ser demasiado tarde cuando se haga. En seis meses el panorama mundial puede ser recesión.
El dinero tiene un efecto multiplicador y una velocidad y el ciclo del estímulo toma hasta dieciocho meses en cumplirse. Hay que actuar ya.

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