Es necesario una severa reforma judicial con prontitud

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Escrito por:

Jesús Iguarán Iguarán

Jesús Iguarán Iguarán

Columna: Opinión

e-mail: jaiisijuana@hotmail.com
El pasado jueves en la televisión escuché a Juan Gossain invitando a que leyeran su acostumbra columna en el tiempo, en su pequeña alocución decía el conocido periodista que, de cada cien delitos cometidos en el país, solo seis eran llevados a la cárcel y de estos, tres son enviados a la casa a pagar su pena, de los tres restantes dos salen por términos vencidos y sólo queda pagando penalidad quien por el acoso de la hambruna se haya robado una gallina.

Las palabras del prestigioso periodista me dieron pie para escribir mi columna de hoy. Analizando la conclusión del maestro no se ha equivocado en su apreciación, razón que me ha dado luz verde para expresar a lo que quería referirme en este día.

En el derecho penal, las leyes o normas se efectúan con el fin de simplificar o extinguir el delito, pero las aplicaciones que actualmente se le dan a este flagelo para combatirlo, parece más bien que se crean normas para su desarrollo. Desde mi raquítico intelecto pienso que para que en la actualidad se minimice éste verdugo, que día a día no descansa en acrecentar la anormalidad nacional, se debe realizar una reforma jurídica bien cimentada y prontamente aplicada, porque de otra manera el orden público seguirá desquiciado y confundido, hasta ahora, las leyes que hoy se aplican, parecen ser contraria a la razón y a la justicia, ya que lejos de reestablecer el orden público se haya hoy hondamente perturbado, lo cual contribuye a intrínsecos problemas que dificultan prontas soluciones, para el logro del éxito.

Para detener el delito, significa contar con amplias redes de inteligencia que cubran el territorio nacional, y le permita obtener informaciones valiosas acerca de las capacidades y acciones de los cuerpos delictivos, lo que le admite anticiparse a las decisiones que puedan tomar los cuerpos al margen de la ley.

Por lo enclenque y paquidérmica que hoy camina la justicia para opacar el delito, en mi mezquino criterio juzgo que este lento proceder alimenta a los delincuentes a que prosigan su punible carrera, pues por notar que las leyes no son radicales, ni fuertes, ni reales, ni coherentes, ni mucho menos hostigan con crudeza la fuerte misma del crimen, da pie para que el delincuente empiece a pesar en el delito como una deseable forma de vida. Es penoso resaltar que hablar de organizaciones criminales, nos estamos refiriendo a un amplio continente de ellas, luego no existe duda que nos encontramos rodeados, de macrodelincuencia, microdelincuencia, delincuencia individual, organizaciones criminales, subversión guerrillera, bandas, mafias, todas estas organizaciones de bandalaje han logrado que el crimen avance con innegable rapidez sin que el Estado pueda detenerse en la búsqueda de un mecanismo para combatirlo.

Ante de cualquier otra consideración sobre la situación del país a este respecto, es necesario conocer que la sola posibilidad de organizarse con el propósito de quebrantar el orden social, jurídico y económico constituye una señal de deterioro de la seguridad y prevención del delito en nuestro ordenamiento jurídico, pues, la opción mencionada requiere un campo de acción propicio en términos de probabilidad de éxito y disponibilidad de recurso para perpetrar crímenes.

El país se encuentra hollado con el tacón de la injusticia, razón para que los legisladores de nuestra patria no duden que el país necesita con prontitud una reforma total de la justicia y no sigamos viviendo forzosamente en la intimidad con el crimen.

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