La crisis de los mercados: una lectura obligada

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Alberto Carvajalino Slaghekke

Alberto Carvajalino Slaghekke

Columna: El Arpa y la Sombra

e-mail: [email protected]

Hemos sido testigos desde el año 2008 cómo el mundo financiero internacional se debate en su más profunda crisis de confianza desde el famoso crack de 1929.

El desarrollo de las comunicaciones nos permite ser testigos de primera línea de los cambios vertiginosos que se suceden. Las implicaciones de la crisis han sido y son devastadoras para varias economías.

En un mundo globalizado en donde la internacionalización del capital es el factor que establece un sistema de vasos comunicantes en toda la geografía planetaria, nadie, ni ningún lugar está exento de los efectos positivos o negativos que dicha situación genera. La preservación de la confianza en la institucionalidad del mercado es el máximo reto en estos momentos de crisis.

Reflejo de lo anterior es el ejercicio realizado por la Unión Europea en cabeza de la Autoridad Bancaria Europea (ABE), del diseño de un instrumento de diagnóstico que permitiese generar información para la toma de decisiones al someter a noventa entidades financieras a un test para analizar cómo responderían frente a un agravamiento de la crisis, incluida una crisis de su deuda soberana y un shock en las tasas de interés.

Para tal efecto se sometió a 90 entidades de 21 países de Europa, que representan el 65 por ciento de los activos financieros de la zona, a responder un test en el que se evaluaría su actuación ante un escenario hipotético de caída del PIB de toda la Unión Europea de 0,4 por ciento en 2011 y crecimiento cero en 2012, con una tasa de desempleo de 10 por ciento este año y del 10,5 por ciento el próximo. Resultado: cinco entidades españolas, dos griegas y una austríaca no obtuvieron el mínimo de 5 por ciento de coeficiente de capital para pasar el test. Quince más quedaron al límite.

La Autoridad Bancaria Europea (ABE) quien fue la responsable de la prueba, publicó el 15 de julio pasado los resultados al test de solvencia, lo cual resulta ser el hecho central e interesante del ejercicio: al socializar los resultados, el mensaje a los mercados es contundente y ayuda a la ponderación racional con respecto al estado actual de los bancos ya que éstos han potencializado la crisis. Sin embargo, la publicación del estudio generó inconformidad en Alemania, Portugal y España, pero fue aplaudida por el FMI e inversionistas.

Estos hechos nos muestran lo complejo de la situación, pero sobre todo que la crisis aún está en pleno vigor y ello se reflejará más temprano que tarde en nuestra sociedad.

Las consecuencias de estos hechos no son ajenas a Colombia y Santa Marta. La primera de ellas a nivel país, es la presión sobre la tasa de cambio al incrementarse la cantidad de dólares y euros que buscan escenarios menos agitados y que potencialmente pueden aterrizar en nuestra economía, manteniendo la persistente revaluación que ha experimentado el peso en los últimos años.

El efecto es notorio en las empresas no competitivas, o en aquellas que exportan productos primarios agrícolas sin ningún grado de transformación. Ellas experimentarán una caída en sus ingresos en pesos, afectando sus flujos de caja y por extensión sus rentabilidades.

Muchas de ellas evidenciarán por este efecto problemas de competitividad, en la medida en que el diferencial cambiario desaparecerá como fuente de ingresos indirectos que amortiguaba su déficit competitivo en los mercados. Ello posiblemente no facilite al gobierno el éxito a sus políticas encaminadas a disminuir el desempleo.

El mercado interno por su tamaño y el deterioro sostenido del ingreso real en los últimos años, pareciese no constituir la respuesta adecuada para amortiguar el efecto de la disminución de los ingresos empresariales provenientes de los mercados externos. Por su parte, nuestra ciudad no es ni será ajena a los efectos de la crisis.

En la crisis del 2008 los pensionados norteamericanos experimentaron una pérdida en sus portafolios del 30%, ello provocó una reducción en el consumo planeado de este segmento, reflejándose, por ejemplo, en la cancelación de tiquetes de cruceros ya contratados. La contracción en la demanda del mercado de cruceros explica la reducción en las frecuencias de cruceros que se dio como consecuencia de ese hecho. Santa Marta hoy ve reducida su importancia logística en este aspecto. Ello debe obligar a pensar en alternativas.

En los escenarios de crisis los segmentos de los asalariados son los que más experimentan perdida de confort y ello se refleja en la reducción de su consumo, incluido el gasto en ocio. Santa Marta como destino turístico debe entender que su oferta se encarece desde la perspectiva del consumidor, aún, al no aumentar las tarifas.

Para atraer al turista, debe partir del hecho que deberá sofisticar su oferta, es decir, ofrecer experiencias exclusivas en un nivel tarifario adecuado. Sólo así, el perfil de los consumidores turísticos de la ciudad evolucionará a niveles de consumo más altos. Para lograrlo, las autoridades deben entender que es su responsabilidad el diseño del producto y no persistir en el error histórico de delegarlo en el mercado.

Los productos turísticos especializan los territorios en materia turística y no al revés. Las crisis obligan a la asertividad. Por ello la evolución de la crisis europea y americana es lectura obligaría para proteger el futuro que creemos podemos obtener.