La universidad privada: ¿infraestructura o matrículas?

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

Es una realidad que las universidades privadas de Colombia se están enfrentado a un decrecimiento en la matrícula de nuevos estudiantes lo cual las pone en una compleja situación financiera.
En un análisis simplista han tratado de echarle la culpa a la demografía pero los datos no comprueban esta hipótesis, como señaló recientemente José Fernando Isaza en su columna en El Espectador. También el columnista menciona algo que es evidente como causa de esta situación: el excesivo costo de las matrículas. Ante esta situación es necesario plantear una idea que desde hace mucho tiempo debería haberse analizado: el exceso en el desarrollo de la infraestructura de las universidades privadas que debe evaluarse frente al costo casi inmanejable de las matrículas y los bajos salarios de los profesores.

El ministerio de educación históricamente solo interviene en las universidades privadas cuando los problemas ya las han desbordado, como en el caso de la Universidad Autónoma del Caribe en Barranquilla, entre muchas otras. Es decir, actúa la autoridad cuando ya no hay remedio y miles de jóvenes ven frustrados sus sueños de ser buenos profesionales con costos inmensos para sus familias. Es decir, la forma como desarrollan sus inversiones tiene cero controles y así es obvio que tienen toda la libertad para establecer sus prioridades.

Para la gran mayoría de estos centros educativos su desarrollo se ha traducido en inmensas y sofisticadas obras de infraestructura que llegan a niveles increíbles, de manera que la pregunta obvia es de dónde sacan tantos recursos para realizarlas. La respuesta es que estos fondos provienen de las exageradas matrículas que cobran y de los bajos salarios que les pagan a sus docentes. Mejor estrategia imposible. Pero la pregunta es si esto es lo que deben hacer las universidades privadas cuando solo una, la de los Andes, que también ha invertido demasiado en infraestructura, es la única que clasifica entre las mejores del mundo y no en los primeros puestos.

Este tipo de prioridades están equivocadas y ahora que no salgan a decir estos centros de educación superior, que solo invirtieron en laboratorios que son indispensables para asegurar una mejor formación. Por casualidad han visto las instalaciones de la Universidad de la Sabana, para solo poner un ejemplo. Harvard, en lo físico y muy lejos de ella en su nivel de formación de profesionales y esto es válido para todas.

La conclusión obvia es que o bajan matrículas y mejoran su calidad o se van a quedar sin estudiantes. Además deben elevar no solo los salarios de los docentes, sino que es necesario aumentar los de tiempo completo con el fin invertir en investigación, complemento fundamental para la formación académica.

En síntesis, las universidades no pueden ser sencillamente buenos negocios ni tampoco el medio para hacer desarrollo urbano como lo ha hecho la Tadeo Lozano y los Andes. Lo primero es tener estudiantes y formarlos mejor y para ello debe cambiar sus prioridades. La calidad de la formación universitaria no se puede seguir midiendo por las sofisticadas edificaciones que tengan, por favor. Y si sigue subiendo el costo de las matrículas van a desaparecer porque además los estudios en línea no cuestan.

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