Habló el Amazonas

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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

e-mail: alonsoamador26@gmail.com
Cuando el director del Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil dijo que la deforestación en el Amazonas había subido en 88%, fue despedido por el presidente brasilero, el ultraderechista Jair Bolsonaro, acusándolo de mentiroso.
Pero a juzgar por sus declaraciones públicas, es incontrovertible que Bolsonaro está a favor de realizar actividades como la ganadería y la minería en el Amazonas, las cuales requieren de la quema de bosques. No es casual, pues, que la tasa de deforestación en las selvas brasileras haya aumentado cerca del 300% este año.

¿Qué esperaban? Hoy el mundo es testigo del más devastador desastre ambiental en la historia del ‘pulmón del mundo’, el mismo Instituto ha informado que en los últimos días se han detectado más de 9.500 puntos de incendios en el Amazonas brasilero, mientras en los bosques amazónicos próximos a Bolivia, los incendios han devorado 750 mil hectáreas en Chiquitanía, un daño del que el ecosistema requiere 200 años para recuperarse según expertos ambientalistas.

Al tiempo en que nuestros ecosistemas son incendiados, el World Resources Institute advierte que la escasez de agua se agravará en los próximos años, principalmente para cerca de 2.600 millones de personas en el mundo que ya viven en zonas diagnosticadas con problema hídrico extremadamente alto; en otra parte del mundo, científicos de la NASA están preocupados por el acelerado deshielo en Groenlandia, solo el pasado 2 de agosto se derritieron 12.500 millones de toneladas de hielo, pero lo que realmente ha preocupado a los científicos es que el deshielo ya no se está dando solamente por el clima atmosférico, sino por el calentamiento de las aguas submarinas.

No en vano la ONU acaba de regañarnos y pedirnos que modifiquemos nuestras dietas y comamos menos carne, pues la ganadería está generando el 15% del total de los gases de efecto invernadero causantes del calentamiento global, incluso por encima del sector de transporte. Tampoco es casual que hoy el 63% de los estadounidenses crea que la NASA debería dedicarse con prioridad al monitoreo de los sistemas climáticos del planeta y no a gastar en expediciones lunares o a Marte, según una encuesta del Pew Research Center.

Pero el problema climático y medioambiental tiene en sus raíces un componente político: el año pasado, en un informe de casi dos mil páginas, cerca de 300 científicos de varias agencias de los Estados Unidos le advirtieron al presidente Trump sobre el peligro del cambio climático, pero el presidente, un declarado negacionista del cambio climático y de sus efectos, les dijo: no les creo.
No sé ustedes, pero con las altas temperaturas que hemos sentido en las últimas semanas en Santa Marta, con los cada vez más frecuentes incendios en nuestras zonas forestales, con la realidad de la escasez del agua en la ciudad, o con la disminución de las temporadas de lluvia en la ciudad, yo sí creo que el cambio climático es un fenómeno real de orden mundial que amenaza la salud, la economía, el medioambiente y la vida en el planeta.

Seguir negándolo para favorecer intereses económicos voraces con asiento en el poder político es una insensatez peligrosa para nuestras vidas, es lo que nos acaba de decir el Amazonas. Por eso, aunque los ciudadanos jugamos un papel fundamental en la solución del problema medioambiental, el tema está indiscutiblemente ligado al poder político, de tal manera que, además de los cambios que podamos hacer individualmente en nuestros hábitos de uso y consumo, es un imperativo exigir de nuestros gobernantes una acción política inmediata contra el calentamiento global y en defensa del medioambiente.