Salvando la democracia

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

En reciente columna de opinión, el exsecretario de Relaciones Exteriores de México, Jorge Castañeda, analiza el próximo debate electoral en los Estados Unidos, que será histórico, sin duda alguna.
Desde su perspectiva, el Partido Demócrata apunta más a un ideario socialdemócrata que de centro, apoyándose en jóvenes demócratas, universitarios y pertenecientes a minorías. Dado que el sistema político estadounidense es esencialmente binario, las demás posibilidades políticas son más anecdóticas que reales. Una radicalización de los demócratas alejará automáticamente cualquier posibilidad de reclutar a votantes republicanos, cada día más cercanos a la extrema del Tea Party. Las políticas del presidente Trump han conducido a un cambio del centro de gravedad demócrata. Gracias a los debates recientes, los miembros más liberales parecen cada vez más socialdemócratas y los más moderados, cada vez más liberales.

Bismark, en Alemania, origina la socialdemocracia a finales del siglo XIX, movimiento que se luego extiende por toda Europa como respuesta a la Revolución Rusa y al comunismo totalitario, y como reparación de los daños causados por las dos guerras mundiales. Los gobiernos buscaron controlar los mercados, proteger la población vulnerable, reducir la pobreza y la desigualdad con modelos capitalistas de producción y comercio, defender el medio ambiente y fortalecer los sindicatos y trabajadores en general, así como defender las instituciones. Estos modelos fueron replicados en América Latina por los partidos liberales, opuestos al modelo fascista de los conservadores, tomado de Hitler y Mussolini.

Estados Unidos, por sus particularidades de entonces, optó por un modelo de libre mercado con mayor desregulación, estado más pequeño, pero también de menos protección a la población vulnerable y, quizás, más exclusión social. La Gran Depresión de 1929 obligó a Roosevelt al Nuevo Trato, un patrón más cercano a la socialdemocracia: el país prosperó y la desigualdad se mantuvo en valores muy bajos gracias al crecimiento de una clase media con poder adquisitivo. Por ello, estado se mantuvo pequeño; no era necesaria tanta asistencia social. Reagan, en la década de los 80, impuso el modelo neoliberal, adoptado en Colombia desde los 90, causando los niveles más deplorables de concentración de riqueza, exclusión social, desigualdad, recortes presupuestales a salud pública, educación y servicios básicos. La privatización de sectores críticos derivó en brechas cada vez más amplias entre la población favorecida y la excluida. Nuestra clase media se achicó y depauperó. Una frase de época describió magistralmente la situación: “El país va mal, pero la economía va bien”. En términos macro, se observaba un crecimiento económico sostenido, pero con pésima redistribución y corrupción creciente.

Actualmente, Europa cuenta con sistemas fiscales más equitativos, redistributivos y beneficios generosos en seguridad social, educación y prestaciones laborales, y una población mayoritariamente acomodada. Pero enfrenta serios problemas: las migraciones, el neonazismo, las tensiones raciales, el Brexit, el impacto de las guerras comerciales y otros más. Por su parte, los Estados Unidos, enfrascados en una guerra comercial con la China, una guerra política con Rusia y guerras militares en varios países, no la tiene fácil. Las políticas comerciales y migratorias de Trump, el elevado gasto militar y otros desafíos han llevado a sectores políticos estadounidenses a propender por sistemas gubernamentales más parecidos a los europeos, pues las condiciones que permitieron el crecimiento sostenido y el liderazgo mundial de los Estados Unidos están desapareciendo.

Por primera vez, los candidatos demócratas tienen propuestas antes inaceptables, como reducir la desigualdad, ayudas a los pobres, impulso a los jóvenes y la aceptación de la diversidad. Hoy, estos temas se conversan cotidianamente: el aumento del salario mínimo a USD 15/hora, educación superior gratuita, atención de salud para todos, etc. Naturalmente, la otra cara de la moneda es incrementar los impuestos o la creación de otro, medida impopular que, sin embargo, encuentra eco en los segmentos más ricos de la población, quienes piden incrementos tributarios para ellos. No es fácil lograrlo en un país como los Estados Unidos, pero la actual situación obliga a repensar el actual modelo político.

Mientras tanto, en Colombia, la mayoría de nuestros políticos se han constituido en insaciables máquinas de saqueo y privilegios impúdicos que tienen al país sumido en obscena iniquidad, atraso, violencia, falta de educación, etc. La mejor respuesta a esto es más democracia, políticas sociales serias y mayor igualdad, afirma Castañeda. Estamos de acuerdo. Más democracia y menos populismo.
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