El debate turístico

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com

Durante el primer semestre del 2019 hizo mella en las noticias de Santa Marta y el país una frase que a muchos les quedó en la cabeza como un canto de cuna: “el turismo es el nuevo petróleo”.

Han sido varios los que han comenzado a replicar esta consigna profundizando en la importancia de fortalecer a la ciudad como destino turístico, inyectando inversión en infraestructura y trazando como meta el aumento del número de visitantes que pasan a conocer y, por qué no, a quedarse.

La Sierra Nevada, Minca, Taganga, el Parque Tayrona, el Centro Histórico, incluso Palomino (Guajira), son sitios que parecen aumentar el número de visitantes y residentes con el pasar del tiempo. Esto tiene, como todo, una cara buena y una mala de la moneda. Por un lado, es claro que el turismo representa una oportunidad de crecimiento y desarrollo para la ciudad en materia de infraestructura, empleo y apertura cultural, lo cual aplaudo y apoyo. Por otro, el nuevo peregrinaje trae también aspectos nefastos que pueden incluso transformar negativamente la vida de la gente. No en vano, casos como los que ya están ocurriendo en mundo en ciudades como Barcelona, París, Nueva York o incluso Cartagena, deberían ser una muestra clara de los peligros que representa ese nuevo petróleo.

Según cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MINCIT) entre 2014 y 2018, sólo en el departamento del Magdalena pasamos de recibir 598.283 pasajeros de vuelos nacionales a 977.562; los visitantes de Parques Naturales en el departamento pasaron de 327.623 a 473.122 para la misma época; y los pasajeros provenientes de cruceros que llegaron a Santa Marta ascendieron de 3.988 a 17.592.  Si bien es cierto que estos datos pueden resultar  positivos para la industria turística y el comercio local, es importante, sobre todo ahora en época electoral, exigirles a los candidatos del nivel distrital y departamental propuestas concretas frente al fenómeno turístico y cómo tienen pensado manejar un crecimiento que es imparable a nivel mundial.   A manera de ejemplo, en una ciudad como Barcelona, estrella internacional en materia de urbanismo, la gente ha tenido que salir de sus casas por la presión de la demanda de lugares para pernoctar y el auge de herramientas virtuales como Airbnb. Los equipamientos públicos no dan abasto para turistas y habitantes, y tanto el aumento en el costo de vida como la gentrificación se han vuelto amos y señores de la ciudad condal.

Una de las metas del Plan Sectorial del MINCIT 2018-2022 es la de aumentar las visitas de no residentes de 3.8 a 5.1 millones en el país, lo cual no es ambicioso si se tiene en cuenta que un museo como el Louvre en París recibió 10 millones de visitantes sólo el año pasado.  ¿Qué opinan los candidatos locales sobre esto y cómo se visualiza Santa Marta allí?  Aunque el Gobierno nacional parece tener claro que estas propuestas ameritan una conversación con el territorio, es importante que quienes aspiran a gobernar expongan sus opiniones y propuestas sobre aspectos que el Ministerio ya tiene definidos, como el de promover “la creación de la figura de Zonas Especiales Turísticas (ZET), las cuales deberán contar con planes parciales o áreas articuladas a los planes o esquemas de ordenamiento territorial (POT, PBOT y EOT)”, o la meta que se tiene de desarrollar Megaproyectos en zonas como La Guajira, el Golfo de Morrosquillo y la Sierra Nevada de Santa Marta.

Las elecciones son una oportunidad para pensarse la ciudad. Es necesario poner el tema sobre la mesa y, aunque muchos lo sientan como algo ajeno, la realidad es que un mal manejo del crecimiento turístico afecta a todos y en todos los niveles. Esto, sin mencionar los riesgos que un turismo desenfrenado y sin políticas públicas sostenibles en el largo plazo implican para zonas de conservación natural. Expedir licencias de hidrocarburos y minería en el Amazonas, por ejemplo, aumentaría de inmediato los riesgos de deforestación, pues con la perforación llega el petróleo pero también llega la necesidad de transportarse, de comer, de cementar.  Si el turismo es el nuevo petróleo, entonces es el momento de preguntarnos cómo vamos a asumir esa responsabilidad.

Publicidad