A mil problemas, cinco propuestas

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Escrito por:

Alonso Amador

Alonso Amador

Columna: Opinión

e-mail: alonsoamador26@gmail.com

Aunque sea una realidad que Santa Marta atraviesa por un ciclo de dificultades socioeconómicas e institucionales que revisten urgencia y merecen prioridad en la agenda de la próxima administración, abusar por conveniencia política de la interpretación de tales problemas para dibujar un escenario apocalíptico es una estrategia dañina y poco productiva para resolver las complejas dificultades que hoy afrontamos como ciudad.

Pues no es suficiente con enunciar las dificultades, se requiere de un juicio responsable por parte de quienes aspiran a los diferentes cargos públicos para plantearle a la ciudadanía una propuesta que ofrezca soluciones razonables a gran parte de los problemas de la ciudad, y esto no se logra haciendo señalamientos políticios ni creando una lista de problemas para atender a un discurso con objetivos netamente electorales.  

La mejor solución para estos problemas dependerá de qué tan objetivo sea el análisis que hagan los equipos programáticos de cada campaña. En otras palabras, dependerá de una revisión alejada de la efervescencia político-electoral y que permita sintetizar una propuesta que aborde de manera integral los fenómenos que afectan el progreso de Santa Marta. También estará en función del grado de articulación con los actores empresarial, académico, y ciudadanos en general, pues resulta miope aquella visión ciudadana que considera que todos los problemas de una ciudad nacen y se resuelven exclusivamente con la acción pública.

Es cierto, por ejemplo, que el principal reto de la próxima administración será atender el desabastecimiento de agua potable, al tiempo que deberá enfrentarse con un sistema educativo que reporta la más baja calidad en el Caribe colombiano y la segunda más baja del país según informe del Icfes (2018); con niveles de informalidad laboral de entre el 62 al 67 por ciento según tendencia del último año; con una tasa de desempleo ubicada en dos dígitos (11,3% último reporte); con niveles de pobreza monetaria del 33,7% y de pobreza extrema de más del 6% (Dane); con mayor percepción de inseguridad; con bajos niveles de competitividad; en fin, afrontar mil y una dificultades propias de una ciudad.

Pero sin caer en la práctica lamentable y tan recurrente en la política tradicional de sumergir a los ciudadanos en un lago de dificultades tan profundo como sea la diferencia política con la administración de turno, lo primero que debe entender la próxima administración es que lo que arriba se ha anunciado como problemas (informalidad, desempleo, baja competitividad, etc.), para la técnica del desarrollo son en realidad efectos de un problema de mayor arraigo cuyas causas deben identificarse con nitidez profesional para establecer una solución eficaz, tal como el médico practica un examen antes de recetar la medicina adecuada. 

No obstante, los aspirantes están obligados a proponerles a los ciudadanos un plan de acciones. Por tal razón, sin otra motivación más que disponer una agenda para el progreso de la ciudad, sugiero que un buen programa de gobierno debe desarrollarse a través de cinco propuestas de intervención con objetivos claramente definidos: infraestructura, social, económica, ambiental, e institucional. 

El principal objetivo será, indiscutiblemente, dotar a la ciudad de una infraestructura que soporte las exigencias del desarrollo económico y social de la ciudad; por otra parte, la acción pública deberá estar concentrada en alcanzar niveles competitivos de formación académica, junto a mejorar el desempeño en salud para fortalecer el componente social; en lo económico, adoptar una política sectorial de desarrollo; por su parte, lo ambiental deberá propender hacia la prevención de mayores efectos del cambio climático; y en lo institucional, consolidar la visión de ciudad y fortalecer la cultura ciudadana.  

Bajo este esquema y persiguiendo tales objetivos, la ciudad podría ingresar en un ciclo virtuoso que conduciría en el mediano y largo plazos hacia mayores niveles de competitividad, mejores índices sociales, mayor dinamismo en la generación de empleo y nuevas fuentes de riqueza, y, en general, hacia mejores estándares de calidad de vida para los samarios.

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