El toreo: arte y cultura

Columnas de Opinión
Tamaño Letra
  • Font Size

Escrito por:

Andrés Londoño Botero

Andrés Londoño Botero

Columna: Bitácora del primer y cuarto cuadrante

e-mail: [email protected]

El anuncio de una corrida de toros en la ciudad de Santa Marta, ha despertado polémicas entre detractores y defensores de esta expresión artística y cultural. Se tilda a esta manifestación artística de violenta y sádica, pero ¿acaso no lo son otras actividades cotidianas de nuestra nación?

Si la lucha anti taurina estuviese fundamentada en la eliminación de prácticas violentas contra los amínales, estas deberían trascender la prohibición de las corridas.

Ya que la culinaria -una manifestación cultural y artística en algunos casos- en muchos ocasiones pone un pie en el terreno del maltrato animal.

Por ejemplo: cuando los crustáceos son sumergidos vivos en agua hirviendo para que su carne adquiera un mejor sabor; o ni hablar la forma en la que mueren los pescados por asfixia; también los chivos que son colgados boca abajo para que se desangren por la nariz y mueran.

Si las prácticas culinarias descritas en el párrafo anterior, son consideradas como culturales, ¿por qué la tauromaquia no? Ya que estas dos manifestaciones son eventos artísticos que funcionan como elemento de cohesión social.

Para apreciar el arte en este evento, basta con ver las obras de Picasso, Goya y Botero, en las que se inmortaliza la elegancia, la sutileza y valentía del torero, la bravura y belleza del toro; o ni hablar de las prosas de Lorca, José Bergamín, y Rubén Darío que describen el riesgo que corren los toreros, a demás narran como, el capote y el toro, se conectan a través de la habilidad del matador para brindarle al espectador un verdadero espectáculo artístico.

Como lo dijo Vargas Llosa en su artículo torear y otras maldades "para quien goza con una extraordinaria faena, los toros representan una forma de alimento espiritual y emotivo tan intenso y enriquecedor como un concierto de Beethoven, una comedia de Shakespeare o un poema de Vallejo".

Las luchas de los detractores taurinos suelen ser egoístas, ya que estas no consideran a los miles de trabajadores - de ingresos bajos y medios- para los cuales las corridas representan una invaluable oportunidad de ver aumentado sus ingresos. Tampoco se toman en cuenta las obras benéficas, frutos de las donaciones que generan las corridas, a favor de hospitales y personas desamparadas.

Otro aspecto a analizar es el civismo y la cultura de los espectadores que asisten a las plazas de toros. Las personas que se deleitan con una corrida, asisten a estos escenarios -en los que rara vez se ven peleas a contrario de otros escenarios como los estadios de fútbol- y disfrutan de las faenas guardando silencio en los momentos en lo que se debe hacerlo. No se escuchan insultos como en otros deportes, tampoco se ven los excesos que se dan en algunos eventos musicales.

El hecho de no disfrutar de una corrida no tiene que ser sinónimo de privar, a quienes si lo hacen, el disfrute de estas. Ya que como evento cultural, es promotor de cohesión social y proporciona espacios de esparcimiento, disfrute y una importante oportunidad de trabajo para algunos.

Más Noticias de esta sección

Publicidad