Pajuil pico verde

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
En Santa Marta, posiblemente como en otras ciudades, se acostumbraba mencionar el nombre de aves ligado a frases o a adagios populares cuando queríamos destacar algunos acontecimientos especiales.
Uno de los famosos era “una golondrina no hace verano”, que lo usamos mucho para significar que continuaría lloviendo o, para mostrar que una sola persona no era suficiente para avizorar o arrastrar un cambio. Otro también de uso muy frecuente es el que decía “…me montó el sirirí”, para referirnos a una persona cansona y cantaletera, que comparábamos con el “tirano tropical” o “sirirí común”, que no mide más de 20 centímetros y exhibe un plumaje de colores amarillo, oliváceo y gris claro, pero trina y trina sin parar.

A alguien podíamos haberle dicho alguna vez, incluso sin haber visto jamás un espécimen de esta especie: “pareces un pajuil”, queriendo mostrar una apariencia elegante, fileña y refinada semejante a la del exquisito faisán. El pajuil, habita las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta por los lados del Río Guachaca y el Parque Nacional Natural Tayrona, es una especie muy hermosa que está amenazada de riesgo de extinción, porque las poblaciones campesinas y pobres de la región la consumen como alimento.

Las ciudades, por efecto de la aglomeración, contaminación y deforestación, dejaron de ser el hábitat más apropiado y seguro para las especies terrestres, acuáticas y aéreas de nuestro medio natural. Las acciones antrópicas primero y luego la desaparición de los bosques y de los cuerpos de agua, el ruido y la ausencia de aire limpio contribuyeron con la desaparición de un sinnúmero de especies menores, insectos y aves que surcaban nuestros cielos. En Santa Marta, hasta hace unos cinco años había identificadas siete bandadas de pericos y loros que todas las tardes inundaban de su algarabía el paisaje marino costero. Hoy apenas subsisten dos que se mueven entre el casco urbano y El Rodadero.

Colombia, por ser un país del trópico ubicado en la zona del Ecuador y poseer una gran variedad de ecosistemas, tiene una destacada representación en el grupo taxonómico animal. En Colombia se cuenta con 1912 especies de aves, de las cuales, solo en el Departamento del Magdalena existen más de seiscientas. Es el país con mayor diversidad de aves a nivel mundial. Mediante el Sistema de Información sobre Biodiversidad y el Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt coinciden en que de las 1912, 86 son endémicas, con un registro de 197 especies migratorias, que equivale al 19% de las especies del mundo y al 60% de América del Sur. Sin embargo, los samarios no las vemos, no las conocemos y ni siquiera las distinguimos por su canto y plumaje, así sea por el solo prurito de ser los garantes de su conservación.

En el hostal La Casa de Petra de la Calle 21 con Carrera Octava de esta ciudad, motivados por la variedad y la calidad fotográfica de la lente de Raúl Martínez Ceballos, antropólogo samario egresado de la Universidad Nacional, seleccionamos una muestra de cincuenta fotografías de Aves de Nuestra Tierra, para mostrarlas sin ningún costo al público samario y al que nos visitará durante las Fiestas del Mar. Nos acompaña en esta enorme tarea Luis Delgado, Presidente de la Asociación de Observadores de Aves de Santa Marta, “Aves de Santa Marta”, quien ha puesto todo su empeño para que la inauguración de la exposición sea todo un éxito hoy 25 de julio a las cinco de la tarde y nadie se la pueda perder durante el mes que permanecerá expuesta.
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