El segundo año de gobierno

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

e-mail: cecilia@cecilialopez.com

El gobierno está a punto de entrar en su segundo año, el cual de alguna manera se inauguró el 20 de julio con la apertura de la nueva legislatura del Congreso de la República.
Siguiendo la tradición, el Presidente la inició con su discurso que no solo señala sus logros sino que debe marcar las prioridades legislativas para el año que comienza en el Congreso. Lo que más sorprendió es que no obstante los resultados poco favorables tanto en la gestión del Ejecutivo como del Congreso, la objetividad fue la gran ausente en las palabras del presidente Duque.

De acuerdo a su presentación en todos los campos se ha avanzado, y como lo reconocen algunos analistas, las barreras que han enfrentado y que son evidentes en esta segunda etapa no fueron consideradas en ningún aparte de su discurso. El optimismo fue la tónica de esta exposición ante el país. Fue una mirada positiva tanto al pasado de su gestión como frente a la tarea del inmediato futuro, pero la verdad puede ser otra.

En primer lugar, si el primer año de gobierno fue poco exitoso, especialmente en el Congreso, este segundo año se enfrenta a unas directivas que no solo pertenecen a partidos que no son de su coalición de gobierno, sino que claramente ya han expresado su irrestricto apoyo a la paz, tema que el gobierno trata de eludir de todas las maneras posibles. Sobre la forma de avanzar en aspectos cruciales para consolidar el posconflicto, tema que no trasnocha al gobierno, habrá choque entre el Centro Democrático y los otros partidos que son parte de esa coalición que lo apoya, y el resto de las bancadas. Pero gran parte del país aboga por la paz y rechaza todo lo que la frena, como el asesinato de líderes sociales que así se quiera desconocer no cesa, y además está asociado a temas como la tierra.

En segundo lugar, ya es inaplazable un tema que necesariamente llegará al Congreso: la reforma pensional. Este es un asunto impostergable y el país, la academia, los sindicatos y los centros de investigación se han preparado mucho más que el gobierno. Habrá debates candentes si el gobierno como parece se quiere concentrar en la parte asistencial, es decir, otorgarles subsidios a los ancianos indigentes, sin tocar el tema contributivo que consiste en asegurarle a la juventud los mecanismos para construir una pensión digna para su vejez. Si actúa de esa manera, los estudiosos del tema saben que el problema hervirá a fuego lento y explotará cuando esa población llegue a la vejez, y ese será un gran peso que recaerá sobre los próximos gobiernos.

Finalmente, no se observan replanteamientos de estrategias que garanticen realmente que la economía llegue a un crecimiento aceptable, que la política social no solo vuelva a reducir pobreza sino que resuelva el drama de los vulnerables, que se vuelva a crear empleo y que se reduzca la creciente desigualdad, especialmente regional. No será un segundo año fácil.
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