El Caribe colombiano y el yugo de la pobreza

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Escrito por:

Luis Palencia Salas

Luis Palencia Salas

Columna: Opinión

e-mail: luiscarlospalenciasalas@gmail.com
La pobreza es un fenómeno socio-económico que no es fácil de combatir, a pesar, que, a través de muchos estudios, se ha evidenciado cuáles son, puntualmente, sus causas y efectos, no ha sido posible erradicarla en América Latina, África y gran parte de Asia. Son lugares en donde los niveles de escolaridad son bajos, el acceso a los servicios públicos es limitado y el grado de inclusión social es casi nulo.

Infortunadamente, nuestro país no ha sido ajeno a esta problemática, e incluso, hace parte del ADN de Colombia desde que nació como República. De acuerdo a varios teóricos, es la pobreza y la exclusión social, el factor generador de violencia, y, por ende, la pobreza debería ser el tema que ocupe el primer lugar en la agenda de todos los mandatarios que llegan al Palacio de Nariño, pero, la realidad es otra, y las políticas gubernamentales van enfocadas según los intereses del presidente de turno. Dos siglos después de las épocas independentistas, aún los niveles de pobreza siguen siendo relativamente altos.

Según el informe de pobreza del Dane, para el año 2018, en Colombia hubo alrededor de 13 millones de personas clasificadas como pobres por su nivel de ingreso (pobreza monetaria), los cuales se categorizan bajo esa etiqueta, por poseer un ingreso per cápita inferior a 257.433 pesos. Es un monto seriamente discutible, si se tiene en cuenta que una persona con ese nivel de ingresos, tendría que suplir todas sus necesidades básicas con un promedio de 8.600 pesos diarios y según el gobierno, éste ya no es categorizado como pobre, solo por el hecho de ingresar dicho monto.

Si analizamos a fondo las cifras, encontramos que la tercera parte de los pobres de Colombia se ubican en la costa Caribe, una región que tiene puertos marítimos de gran escala, producción de gas, carbón, banano, tierras fértiles y condiciones únicas para el turismo reconocido a nivel mundial. De acuerdo a lo anterior, se hace difícil creer que el Caribe colombiano, no sea el epicentro de nuestra economía, sino que, por el contrario, tengamos la concentración más alta de personas en nivel de pobreza del país.

Lo anterior, es un escenario incoherente entre el potencial que posee la región y las condiciones actuales en materia social y económica. Lo idóneo, sería que el nivel de industria presente en la región, sea acorde a la reducción de los costos de logística y transporte debido a la menor distancia hacia los puertos marítimos, con respecto a las ciudades del interior, que es donde (inexplicablemente) se encuentra focalizada el sector industrial. De igual modo, el objetivo es tener la capacidad de atraer industria, lo cual conduciría a un aumento de la demanda de mano de obra, generación de impuestos para invertir en infraestructura social, además, los efectos positivos de la responsabilidad social, entre otros.

Finalmente, queda por decir, que el Caribe es una región de contrastes, digna de una historia del realismo mágico de Gabo, donde la idiosincrasia y cultura alegre y expresiva de nuestra gente, es totalmente diferente al panorama económico. Es hora que el Caribe, de un paso al frente, que demos un golpe sobre la mesa, que podamos ser una región en busca de un desarrollo sostenido, basados en la educación como pilar fundamental y liberarnos de las fuerzas políticas que han sido, en parte (nosotros los elegimos), culpables de nuestro retardo social.

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