El gobierno de los jueces

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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El espectáculo circense en que se ha convertido la justicia colombiana además de aterrarnos debe causarnos honda preocupación. No solo son las cortes uno de los tres pilares fundamentales del estado de derecho sino que además son la última línea de defensa, cuando todo lo demás falla, de la Nación.

Como nunca antes en nuestra historia republicana, las altas cortes están tomando decisiones que colocan en entredicho la viabilidad del estado colombiano y el valor fundacional de la carta política. Un estado que no se rige por la constitución y las leyes no puede llamarse estado de derecho. Un estado que, como Colombia, está siendo gobernado desde los estrados judiciales mediante fallos judiciales, vive bajo una dictadura de hecho que evidencia sin más largas la ruptura del orden constitucional.

La serie de circunstancias y fallos que facilitaron la huida del asesino y narcotraficante Santrich evidencian la complicidad de la justicia con el crimen organizado. Fueron las cortes y sus absurdos fallos los que llevaron a este desenlace. Las cortes claramente han abandonado el ejercicio del derecho para dar paso al ejercicio de la política; pero no es siquiera el ejercicio noble y grande de la verdadera política, que en su forma más elevada se funde con el derecho, sino el ejercicio de la política rastrera dictada por jueces deshonestos que desde su función pública se han colocado al servicio de una ideología. Esto último sin importar que están destruyendo la fibra moral de la Nación, o quizás ese sea su objetivo último. Curtidos en el arte del engaño y la manipulación, entienden esos jueces que de la ruina moral de la Nación colombiana puede renacer el ave fénix del socialismo, fracasado una y mil veces en menos de cien años.

No podemos ser ciegos a la realidad de que las cortes están al servicio de una causa y que hoy no son más que otro frente de lucha en el que jueces que no han sido elegidos por el pueblo quieren estrangular a los poderes que si lo fueron. Convencidos del fracaso de la lucha armada para llegar al poder, hoy intentan otro camino. Las cortes son el Caballo de Troya.

En el caso Santrich, los ilusos que todavía creen en la farsa de La Habana le piden y exigen al fugitivo que dé la cara a la justicia para salvar el acuerdo. Nadie puede salvar lo que nació muerto. Lo positivo del acuerdo, en el gran esquema de la tragedia colombiana, ha resultado ser marginal. Los ilusos le piden a Santrich que se comporte como revolucionario cuando nunca lo fue. Siempre ha sido un delincuente y en esa condición abandonará este mundo. No le pidan peras al olmo. Considero que hay que preservar lo poquito que se ganó en La Habana porque ya es muy tarde para retroceder, pero a la vez hay que dimensionarlo correctamente para no seguir defendiendo utopías no realizadas ni seguir creyendo que el país pasó la página de la violencia ni pagar de más.

El otro caso es el de Mockus. Una sala le quita la investidura y el pleno se la devuelve, y esta película aún no termina, así como tampoco termina la de Santrich. La inseguridad jurídica hace que se pierda confianza en el país por parte de los inversionistas, pero lo que es peor, hace que el ciudadano de a pie pierda la confianza en los jueces y trate de hacer justicia por mano propia. Y así como el caso de Mockus hay muchos otros en otras áreas del derecho, como por ejemplo, el caso Mattos donde en tiempo record la “justicia” ha tomado decisiones que se contradicen, y cuando este es el caso, siempre gana el delincuente.

Las consecuencias de este despelote no terminan aquí porque todo lo que está sucediendo más conocidos escándalos de corrupción al interior de las Cortes, le da argumentos a todos aquellos que eluden la justicia alegando que son perseguidos políticos; en esta categoría encajan el exministro Arias, y otros asociados de Uribe. Desacreditar la justicia colombiana a nivel internacional puede dar lugar a intervención de organismos internacionales, que claramente llegarían a aplicar unos correctivos inmediatos pero que poco o nada harían para fortalecer el estado social de derecho. El ambiente del país se percibe enrarecido, cual nubes negras que llevan a pensar que se aproxima la tormenta.

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