Descifrando las cifras

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Jesús Dulce Hernández

Jesús Dulce Hernández

Columna: Anaquel

e-mail: ja.dulce@gmail.com

La noticia de estos días fue sin duda el tire y jale entre el Gerente del Banco de la República y el Ministro de Hacienda por las afirmaciones que el primero se lanzó a dar en la Convención Bancaria en Cartagena.

La alarma generada por la cabeza del emisor acerca del crecimiento económico del país en el primer trimestre de este año no cayó bien en el gobierno y el Ministro de Hacienda, por el contrario, salió a afirmar que la economía colombiana va viento en popa.

Sin embargo, quedó el sinsabor de que alguien nos está mintiendo. Mientras el gobierno dice que el PIB creció al 2,8%, el Banco de la República dice que en realidad fue del 2,3%, cifra que nos deja incluso por debajo del crecimiento que hubo en el mismo período del 2018. Por otro lado, al DANE tampoco le cuadran las cifras del aumento de la inversión, ni del censo, entre otros, lo cual parece poner en tela de juicio la confianza de la opinión pública sobre las estadísticas que arroja esa entidad.

El tema estadístico es delicado, no sólo porque no es sano que se busque mantener la aceptación popular con índices inflados, sino porque son el punto de partida para la formulación de políticas públicas, su seguimiento y generación de alertas sobre lo que va mal. También permiten atraer inversión privada y además reflejan los resultados (buenos o malos) de la implementación de programas anteriores. 

En el marco de toda esta polémica en la que varios gremios han apoyado la tesis de que si se continúa con la polarización política actual podríamos en el corto tiempo vernos afectados económicamente, llama la atención las noticias sobre la posible venta de acciones de ISA, el interés por el fracking y el control de la evasión, tres temas que sin duda van a dibujar la agenda fiscal en estos próximos tres años. Sobre la privatización de ISA debe apuntarse que para el Estado resultaría un buen negocio, pues es una de las empresas mejor posicionadas en utilidades y de sacarse al mercado bursátil sin duda se vendería bien y replicaría experiencias como las que ya conocemos en Ecopetrol o Isagen. Sobre el fracking, valdría la pena revisar el tema con profundidad y alejarse de tanta especulación ambientalista a ver si se da un debate serio sobre una práctica que en otros países parece haber resultado positiva incluso con índices de reducción de la huella de carbono. De encontrarse una solución a la escasez de nuevas fuentes de hidrocarburos en el país, resolveríamos muchos de los problemas fiscales que padecemos hoy. Por último, el control de la evasión ha sido un tema recurrente en todos los gobiernos de turno. Sin embargo, la tecnología de hoy y el know how que la DIAN ha adquirido en materia de seguimiento de cartera y cobro le dan aires nuevos al tema, que además parece estar funcionando.

El gobierno debe conjurar una fórmula de liquidez que le permita sobrevivir en una economía mundial cada vez más frágil. Es cierto que Colombia se ha caracterizado por su talante conservador en materia económica, lo que unas veces nos ha protegido de crisis nefastas. No obstante, al Ejecutivo le va a tocar hacer uso de su creatividad y tomar riesgos si quiere crecer como se espera. Llegó el momento de dejar atrás las discusiones bizantinas sobre la paz y ahora sí, trabajar, trabajar y trabajar.

PS: Las noticias recientes sobre el éxito del programa de Obras por Impuestos que diseñó el gobierno de Juan Manuel Santos son casos que se deben replicar e incentivar en mayor medida. No todo lo del pobre es robado.

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