Barbie, cortamos

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Escrito por:

Annabell Manjarres Freyle

Annabell Manjarres Freyle

Columna: Bordes Añadidos

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La Barbie está más rabiosa que Shakira, luego de que su amante Ken le terminara por calentar el planeta.

Greenpeace adelanta el proyecto Barbie, cortamos; palabras con las que el mítico Ken termina una relación de 5 años con Barbie agregando la frase: "No salgo con chicas que deforestan".

Los persistentes miembros de Greenpeace quieren presionar a la industria Matel con una carta que recoge miles de firmas de personas en el mundo con el fin de detener la deforestación de los bosques de Indonesia debido a la producción de cajas que contendrían el bulímico cuerpo de la hermosa y fría Barbie.

¿Cómo iba yo a imaginarlo? Digamos que mi feminidad empezó entre tantas cosas, jugando con mis primas a los "chocoritos" y muñecas de trapo.

Cuando llegó la Barbie, el fascinante mundo de la moda y la belleza perfecta fue una extraordinaria novedad para una niña de doce años cuya proyección era la de querer convertirse en una mujer de mundo y estar a la moda. A eso jugábamos.

Pero entonces a Barbie no le lucía la cama de trapo que improvisaba para ella, tampoco le lucía el soldadito norteamericano con el que jugaban mis hermanos. Barbie se bastaba suficiente como para exigir su propia cama, carro, baño, cocina y amante guapo y refinado, de su propia marca Matel. Otro golpe bajo de la industria de la inocencia a los padres inocentes.

Y así fue, mis muñecas Barbie tuvieron todos los lujos. Su decoración exigía ser rosa con blanco y un estilo de vida adinerado y aventurero. Ese es el modelo de vida del mercado, eso es lo que aún, en el fondo de mis entrañas quiero yo. Pero hoy no sólo descubro que Ken es homosexual; sino que Barbie es una belleza cruel que cada vez está más flaca y cabezona.

Para colmo ahora es una devoradora de árboles y orangutanes que también coopera con el calentamiento global. ¡Qué bárbara! También pudo haberse llamado Débora.

Pero no todo son recriminaciones para Barbie. Desmoralizar todo su contenido sería negar una parte de mi niñez, la época en la que elucubraba fantasías y jugaba a ser yo en unos cuantos años más. Sin embargo, yo también corté con ella a los trece años de edad. Aquella época en la que una niña de tres años aún jugaba con muñecas.

Regalé todos los ejemplares de Barbie sin ningún reparo: adiós Barbie gimnasta, adiós Barbie hawaiana y Ken hawaiano, adiós, Ken llanero y Barbie llanera, adiós Barbie negra, adiós Barbie rokera, adiós Barbie ballet… ¡en fin! Curiosamente, no he podido desprenderme de mi silenciosa, modesta y tierna muñeca de trapo.

Estoy segura de que la experiencia con Barbie me ayudó a comprender hasta qué punto quiero ser como ella. Por lo menos superé la etapa. Es preferible eso a no tener niñez y explotar en voluptuosas erupciones de un erotismo vulgar. Tal como le sucedió a Britney Spears, Paris Hilton, Cristina Aguilera, o más trágico aún, ¡Shakira!.

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