Política: violencia y consenso

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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Todo escenario de discusión y de comunicación es un espacio político. Sin embargo, dada la forma como se relaciona peyorativamente a la política con la corrupción, he presenciado opiniones de algunos ciudadanos, desde estudiantes universitarios, docentes y hasta personas del común,  al tomar la vocería frente a un tema importante de Colombia, ya sea sobre el pos acuerdo de paz, el paro estudiantil, la migración venezolana, entre otros, afirmar que su reflexión no tiene nada que ver con la política, además he observado que, cuando la “efervescencia” de la discusión toma fuerza, prefieren retirarse del escenario para evitar “conflictos”.

En ese sentido, el ciudadano común o de base, bajo la premisa de que la praxis política es sinónimo - aparte de la reiterada corrupción – un ejercicio de discusión, de crítica, de conflictividad y de violencia, prefiere, ya sea por comodidad o tranquilad no participar directamente de estos escenarios.

En medio de dicho contexto, considero que la política como espacio social y encuentro con el otro, imbrica de suyo, tensiones, conflictos, la crítica y cierto grado de violencia. Es así como el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, referenciando las ideas clásicas de Schmitt frente al tema, afirma: “lo político no es reconciliación y mediación, sino ataque y sometimiento. La vida cobra “su tención específicamente política” a partir de la “lucha real”, de esta posibilidad extrema, es decir, de la violencia” (2016a, p. 71).

Sin embargo, el conflicto que se genera en el escenario político no es en sí absoluto. También la política es un espacio de mediación, comunicación y consenso, lo cual promueve el reconocimiento del otro, sus límites y posibilidades, la praxis ética, discursos de paz y la reconciliación, sobre todo cuando la Democracia es la práctica más excelsa.  Frente a esto Han considera que, “parte esencial de la política son el derecho y la justicia. Funcionan como mediación y se ocupan de que la vida en común sea feliz, de la maximización del interés público” (p. 91).

Observamos, cómo la dinámica política, dialécticamente se dinamiza entre el escenario de la violencia y en el consenso. El primero no obedece a la confrontación física, sino como espacio permanente de conflictos y tensiones que conllevan al sometimiento, teniendo en cuenta las estructuras jerárquicas. Sin embargo, se anota que estas prácticas obedecen más que todo a regímenes dictatoriales, donde se ejerce la sujeción a través de instrumentos y normas legales como tecnologías propias del poder. “tanto la violencia como el poder son estrategias para neutralizar la inquietante otredad, la sediciosa libertad del otro” (p. 103).

En los escenarios democráticos como segundo aspecto, también la confrontación y el disenso constante son ineludibles e importantes “en la vida política, así como en la privada, el conflicto constituye el corazón normativo de la cultura democrática” (p. 59). Sin embargo, a pesar de ello no se genera el sometimiento, más bien, se da apertura a la otredad, es decir a su reconocimiento; es un espacio comunicacional y discursivo “no es el consenso, sino el acuerdo basado en transigencias recíprocas lo que, en cuanto equilibrio de poder, constituye el actuar político” (Han, 2016b, p.145). Es decir, a pesar de las diferencias y discusión, se genera un espacio de tolerancia frente a la opinión del otro, esto último es la base real de la política.

Finalmente, pese a la satanización de la ciencia política, ésta sigue siendo un ejercicio natural de la condición humana, cuya praxis es también inherente a todo ciudadano, en la que fluye la comunicación, los argumentos, el conflicto y el consenso. Pero es evidente que, en la actualidad la práctica política se ajusta a otras dinámicas sociales derivadas de la ciencia económica, Han la llama la “sociedad de la transparencia”, ésta coacciona las posibilidades de la comunicación real, es decir, el disenso, todo ejercicio dialéctico, negando así la otredad. “la política general de la transparencia más bien consiste en hacer desaparecer al otro por completo bajo la luz de lo idéntico. La transparencia solo se logra con la eliminación del otro”. (p. 2016a, 151).