Ex alumnos del Celedón

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

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Como lo deja entrever la canción del maestro Escalona (“...como yo no tengo diploma de bachiller/ en el Valle dicen que no puedo enamorar/ miren cómo aprecian las mujeres el papel/ con tanto de sobra que se ve en el basural...”), diplomarse en aquellos tiempos era poco más o menos una proeza.


No solo por la escasez de cupos sino también por lo difícil que era obtener el título, dados el  rigor y la disciplina que le imprimían los maestros que entonces les permitirían obtenerlo, logrando las calificaciones que certificarían su calidad. Ninguna que luego se pudiera ver en el basural, porque era un prestigio ser bachiller del Liceo Celedón y nadie lo discutía.

Lo que más se me parece es la escuela de formación de ciudadanos ética y culturalmente aptos para ejercer sus derechos a elegir y ser elegidos, adscrita a la Sorbona de París o la Universidad de Oxford en Londres. De ahí salían los gobernantes de los departamentos y ciudades de la Costa Caribe y algunas  regiones del país, dispuestos a cumplir los mandatos constitucionales sin usurpar el patrimonio y los bienes colectivos del territorio, respetando los derechos de los demás y comprometidos con la solución de sus principales necesidades. Es que no había demasiados expertos en finanzas públicas, ingeniería, educación y cultura ciudadana como abundan hoy día, con papeles del basural.

Hubo épocas doradas de la formación liceísta. Ex alumnos de hace cincuenta años, recuerdan su paso como alumnos de “las cuatro P temibles: Pombo, Pernett, Pascharri, Puello y Augusto López”. Además, de las figuras inamovibles  y perennes de: Pepe Laborde, Lacho Guardiola, Agustín Iguarán, Julio Pinedo, el RP Franco, la Seño Espitia, Otoniel Martínez y Rafael Celedón. Tienen presente el “premio Salcedo”, cincuenta mil al mejor bachiller y aún retienen el nombre de algunos sobrados ganadores. Épocas en las que a los estudiantes se les enseñaba a pensar con visión global, mente abierta y espíritu de transformación. Oliverio, Ariel Bermúdez, Pedro Claver y José de los Santos se destacaron como líderes audaces en ese momento álgido revolucionario de los años sesenta.

Con mucha alegría, el sábado pasado, en una reunión de la Asociación de Ex Alumnos del Liceo Celedón, descubrí que el hecho de haber cursado en 1967 el quinto año en el Liceo, me acredita como ex alumno y me permite afiliarme a la Asociación a la que pertenece un grupo entusiasta de ex liceístas conocidos, que quieren poner a disposición de las directivas del plantel, docentes, alumnos, padres de familia, el sector privado y gobierno sus capacidades y experiencia para conseguir que este centro educativo recobre su estatus como institución de vanguardia en la formación de nuestro capital humano y se proyecte como una importante opción regional. Me sumo a la gestión que adelantan Paul Correa, Jaime Smith, Carlos Calvano y el veedor Álvaro Salomón en nombre y representación de este grupo     

Convertir la Asociación de Ex Alumnos en una fuerza integradora que coadyuve la solución de las dificultades que el colegio afronta, nos impone -me incluyo- iniciar una gran campaña para afiliar al mayor número de ex alumnos, mediante el diseño de una estrategia y un plan de acción que nos defina la ruta que debemos seguir en los próximos años, para concretar los objetivos y metas que nos tracemos para alcanzar el sueño de construir y consolidar la mejor oferta educativa y cultural del Litoral Atlántico. Que en las palabras sabias de Vinicio De Moraes sería: “... soñando solos en sueño se nos queda, pero soñando juntos logramos la realidad...” 

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