Aroma de primavera árabe en el Caribe

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

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“Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos“ (Simón  Bolívar – Militar y político venezolano)   

El 30 de abril de 2019 el mundo despertó con la, -en ese momento-, esperanzadora noticia de que el pueblo venezolano estaba acompañando a su presidente interino, Juan Guaidó, para levantarse de manera insurrecta pero pacífica en contra del tirano usurpador y poner fin a tantos años de satrapía ignominiosa y dar inicio a la reconstrucción de una nación sumida en la miseria y la desesperanza y así lo entendía el mundo exterior y todos esos millones de simpatizantes que apertrechados en la comodidad de sus entornos sociales espetan a los cuatro vientos que basta ya de esa esquizofrénica y errónea conducción de los designios de la patria de Bolívar y Páez, y solamente esperaban que se concretara la noticia de la deposición del tirano, y a medida que transcurría el tiempo se fueron esfumando esas esperanzas e ilusiones y las cosas fueron tomando un rumbo nefasto y palideciendo la ilusión de quienes aún creen que el pueblo hermano podrá solo decapitar a un gobernante y su camarilla mafiosa.

Mucho se ha especulado sobre el por qué esa intentona fracasó y aunque desde sus inicios parecía fructificar, con el paso de las horas se fue diluyendo esa expectativa y al caer la noche de ese mismo día y en la antesala de la conmemoración del primero de mayo, día predestinado como el día D, se conocieron algunas situaciones personales e individuales que al parecer dieron al traste con la decisión de deponer al sátrapa, quien presuntamente salió fortalecido de esa insurrección que él se atrevió en llamar golpista, obviamente que siempre apoyado y respaldado por el jefe del denominado cartel de los soles, el temible y perverso Diosdado Cabello, ese oscuro teniente coronel que acompañó a Hugo Chávez cuando se sublevó contra Carlos Andrés Pérez, todo ello con el acompañamiento del general Vladimir Padrino López, quien como Ministro de Defensa se ha convertido en el escudero y salvador del tirano.

Ya vuelto la calma después del vendaval de confusión, empezaron a conocerse versiones de parte y parte, mientras reinaba una incertidumbre absoluta, al punto que cada uno de los bandos se declaraba victorioso de los hechos, aunque lo único y verdaderamente cierto era que las fuerzas opositoras al régimen,  contando con la anuencia y colaboración de algunos miembros del mismo, quienes previamente habían aceptado participar de los hechos y declararse en rebeldía al tirano, decretaron la libertad absoluta del opositor Leopoldo López y las cosas parecían volver a una aparente normalidad.

Con el paso de los días se fueron conociendo versiones que dejaban entrever que el fracaso de la insurrección obedeció a que el mismo deseo de algunos por satisfacer sus egos los llevaron a adelantar las cosas y de manera individual dieron al traste con la operación, conociéndose a partir de allí una serie de versiones que daban a entender que se estaba oxigenando a la cofradía que ha sumido al pueblo patriota en la más vergonzosa de las diásporas latinoamericanas, al punto que miles de venezolanos deambulan por las calles de las principales ciudades suramericanas pidiendo una limosna o mendigando un  mendrugo de pan.

Hasta aquí todo parece seguir los mismos derroteros existentes y es cuando la comunidad internacional, la OEA y el Grupo de Lima, mantiene su absurda y ridícula posición de creer que asfixiando la régimen con medidas sancionatorias para con los líderes de la usurpación se logrará el objetivo de sacarlos del poder, lo cual hasta ahora no ha dado resultado y, antes por el contrario, ha ensanchado más a los cómplices del gobernante quienes la han emprendido contra los diputados opositores, cercándolos y acorralándolos e inclusive encarcelándolos, cuando se supone que es la hora de pasar del dicho a los hechos y, sobre todo, que el vecindario se apersone un poco más de la realidad y decida enfrentar el toro por los cuernos y poner de patitas en la calle a Nicolás Alejandro y su camarilla, para restablecer el orden constitucional y evitar más pauperización del país con las mayores reservas de petróleo de todo el globo terráqueo y que el pueblo ponga fin a la hambruna que padece. 

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