Elogio al escepticismo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com

Una situación cualquiera a nuestro paso por la ciudad con “la bahía más bella de América” nos puede producir escozor, si no estamos mentalmente preparados para “pasarla por alto” y no emitir ningún juicio de valor, una grosera opinión o  mostrar una expresión de desagrado.

Son hechos que impactan nuestros sentidos y se repiten con tanta frecuencia que se llegaría a pensar que son de toda la vida, que hacen parte de la cultura samaria y por lo tanto hay que aceptarlos, adaptándolos a nuestra “evolucionada” forma de ver.

No nos queda sino acomodar nuestros sentidos, así como lo hacen las vacunas ante la mutación de un virus o hacernos los de la vista gorda, para no tener que cubrirnos con una capa protectora de desconfianza e incredulidad sobre las reales posibilidades de cambio en la actitud y el comportamiento humano. Lo hemos probado todo: la cívica y la urbanidad de Carreño, lavados de cerebros con jabón de bola, cambio de chips y la consabida “letra con sangre entra” sin ningún resultado a la vista. De vez en cuando nos preguntamos ¿pero, qué nos pasa? y seguimos tan campantes.

Optamos por no creer en la información a través de la cual nos auguran ajustes o soluciones, constatando que cada vez somos más escépticos acerca de las noticias que nos trasmiten los medios y las redes sociales. Pero sobretodo, somos escépticos del efecto que políticas y acciones que se cuelan a la luz del día (por más audaces e innovadoras que sean) tengan sobre la gente que atropella la convivencia, que abusa de ella y la irrespeta. El escepticismo, dicen estudiosos, es una condición necesaria para la existencia, aunque no suficiente del surgimiento de competencias sostenibles y sustentables con respecto a un estado de desinformación.    

El escepticismo, para los filósofos, es una doctrina del conocimiento que exige dudar de toda la información que no esté apoyada por la evidencia.  El término se usó para nombrar a los miembros de la escuela filosófica que “no afirman nada”, es decir, que se quedan en la reflexión. Los escépticos pueden incluso dudar de la fiabilidad de sus propios sentidos. El escepticismo religioso, es una “duda respecto de los principios religiosos básicos (la inmortalidad, la providencia, la revelación o la existencia de Dios)”. El escepticismo científico busca examinar científicamente la veracidad de las creencias al someterlas a una investigación sistemática a través del método científico para descubrir las pruebas empíricas que las apoye.

Las palabras “escéptico” o “escepticismo” son usadas con temáticas regularmente bien acotadas: se puede ser escéptico por ejemplo respecto a las posibilidades de paz en Colombia con tantos y tan cansones amigos de la guerra por ahí rondando, o se puede sentir cierto escepticismo con relación a ver ganar “la copa águila” al Unión Magdalena con un equipo de tan pobre factura o, de sólo pensar que jamás cumplirán las reglas de tránsito ciclistas, motociclistas, taxistas, conductores de buses y de automóviles particulares para facilitar la movilidad urbana. Es decir, se es escéptico o no con respecto a algo determinado.      

Nos declaramos escépticos e insatisfechos en temas de país, de ciudad, gobierno y ciudadanía. Por aparte, las encuestas corroboran nuestro escepticismo en temas de corrupción, medio ambiente y violencia de todo tipo, sumado a temas como la violación de derechos humanos, acoso sexual y futuro de la humanidad. Sin embargo, basados en la duda que nos corroe como “escépticos irredentos” podemos crear conocimiento a partir de cuestionar la verdad, partiendo de los qué y los por qué, permitiéndonos, es posible, formular soluciones.

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