Participación política en los jóvenes

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Eimar Pérez Bolaños

Eimar Pérez Bolaños

Columna: Opinión

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Existen diferentes investigaciones frente al tema desde distintas áreas del conocimiento que arrojan resultados variados.

Sin embargo, sigue siendo recurrente promover reflexiones al respecto, sobre todo, por las dinámicas políticas del siglo XXI, que se encuentran mediadas por los fenómenos del mundo globalizado (Pos verdad, Fake News), las nuevas herramientas tecnológicas (Era digital), los instrumentos de poder (la legislación, la sociedad del rendimiento) y la forma cómo se redefine el sentido de la política (Arendt & Negri), pero también como ésta se tergiversa.

En el contexto colombiano, es innegable el activismo, el liderazgo, la organización y la participación que asumen un gran número de jóvenes frente a varias realidades políticas que repercuten en sus prácticas y estilos de vida. Menciono, por ejemplo, la defensa de la educación pública (la mane 2011), los movimientos que emergen desde los sectores Punk, comunidad LGBTI, grupos feministas, entre otros.  Sin embargo, pese a que se evidencia participación en distintos espacios sociales, también hay otra parte, quizás mayoritaria de jóvenes, con poco interés de involucrarse en áreas de contribución en los temas sociales, políticos y económicos, que permitirán la construcción de una sociedad democrática real, entendida ésta como escenario de discusión, análisis crítico y argumentado desde puntos divergentes que incidan y garanticen decisiones en pro del bienestar común. Es así, que se define la participación política, “como cualquier tipo de acción realizada por un individuo o grupo con la finalidad de incidir en una u otra medida en los asuntos públicos” (Sabuceno, 1988).

Ahora bien, en medio del breve análisis que propongo, vale la pena indagar, ¿De qué manera participan los jóvenes en la vida política y qué factores influyen para ello? Afirmo que, pese al concepto de participación política, se piensa que esta se reduce únicamente al mero sufragio, además en la reproducción digital de informaciones, a través de “tweet” u otras redes. Sin embargo, esta participación digital tiene de sí elementos en los que no es evidente la praxis política en sentido estricto. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han (2019) afirma: “La comunicación digital es a menudo muy emocional. Twitter ha resultado ser un medio emocional. Permite descargar inmediatamente las emociones. La política que se basa en él es una política emocional, que ya no es política en sentido propio (…) la política es mediación y razón, que requieren mucho tiempo”. Observamos que este tipo de participación, distorsiona y tergiversa una práctica política real; aunque si es un medio que permea decisiones; no obstante, es impulsado por informaciones que muchas veces no se someten a análisis crítico y reflexión con rigor. En consecuencia, la participación digital, conlleva a la actitud acrítica frente a la realidad del país, más bien convierte a este sector de jóvenes, como anotaba, en reproductores de opiniones, donde se pierde el sentido epistémico de la política. Entonces, como resultado, se crea el imaginario que con un “link” o compartir una imagen sin someterla el tribunal de la razón, se genera una contribución a la dinámica política. De esta instancia se aprovechan los círculos del poder, mediante el instrumento de Fake News (Falsas noticias) “crean verdades que no corresponden a los hechos, pero terminan siendo válidas para la mayoría en función de su repetición incesante o de mecanismos similares” (Chomsky, 2019). Dicha aceptación de opiniones falsas, convierte a los jóvenes en sujetos apolíticos, es decir, se promueve el desinterés al no encontrarle una fundamentación e importancia, sobre todo con el imaginario que la política es igual a corrupción, robo y generadora de guerras, tal como a diario se evidencia en los medios globales y nacionales.

Grosso modo también menciono algunos de los factores que influyen en la exigua participación política de los jóvenes en Colombia. El primero estriba en escasos programas de formación de líderes y la sensibilización frente al sentido e importancia que todos somos sujetos políticos por naturaleza (Aristóteles). El segundo, es el temor por la inseguridad e irrespeto que se tiene frente a la vida; no hay garantías por parte de la justicia y respeto por las diferencias, además de la estigmatización de señalar de “terroristas” a quienes lideran procesos sociales. Menciono un tercero, no siendo el último, que el sistema educativo colombiano estatal adolece de una formación en temas reales de participación, aún se conserva el dogmatismo de patrones obsoletos. Por ejemplo, la satanización de algunos conceptos, tales como: revolución como sinónimo de violencia; la crítica, como ataque y desprestigio del otro…

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