La moralidad en la gestión pública

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Escrito por:

Jairo Franco Salas

Jairo Franco Salas

Columna: Opinión

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Jamás una ley superior puede ser superada por una inferior; este es un mandato de carácter universal que traemos a colación en esta oportunidad para hacer una reflexión al conflicto originado en Santa Marta, relacionado con el nombramiento del alcalde (e) por orden presidencial.

El hecho suscitó controversia en el distrito, regándose la noticia como pólvora a nivel regional y nacional; toda vez que el alcalde suspendido debe ser remplazado por una terna; pretendiéndose se nombrara de inmediato; sin embargo, por el hecho de tener la calidad de Distrito Santa Marta, el presidente de la república tiene la facultad de dirimir la situación a manera de orientador y de forma temporal.  Todo lo anterior suena bien y se percibe desde el punto de vista legitimo; no obstante, el apasionamiento exteriorizado en el distrito ha desbordado los límites de la racionalidad con manifestaciones no ajustadas a la normatividad y la legalidad; ejemplo a ilustrar, las protestas, paros cívicos para enfrentar una decisión de orden presidencial ajustada a la ley. ¿Qué es esto?.

No cayó para nada bien que un integrante del gabinete samario paralizara la jornada educativa, con el pretexto de nutrir marchas que iban enfrentadas a la decisión del alcalde (e). Luego de posesionarse Andrés Rugeles, en rueda de prensa expreso: “lucharé al máximo por invertir los dineros en su verdadero destino, priorizando la seguridad, el turismo y el agua, a fin de evitar que los dineros sean absorbidos por la corrupción”; también, anunció que llegaría de Bogotá una comisión de investigadores que contribuiría a detectar irregularidades para corregirlas; comisión, que se presentó y que muchos la criticaron, aduciendo se estaba violando el despacho de la alcaldía, porque se requería orden judicial.

A propósito, recordamos que Cartagena, distrito, afrontó la misma situación que hoy vive Santa Marta; el presidente Santos, nombró a Bruce Mac Master, alcalde (e), quien no solo ejerció el rol de ejecutivo; también, contribuyó a encontrar soluciones, luego se procedió con la terna, lo que sucederá en Santa Marta.  Sería importante cuanto antes, se gestione proyecto de ley que solucione estos casos, evite polarización y que se presente desencantos en la ciudadanía; haciendo énfasis que los casos de corrupción el partido del alcalde suspendido quede inhabilitado.  Es muy difícil que una terna sea fiel a la realidad y divulgue las irregularidades que subsistan.

Como ex funcionario del Ministerio Público, considero que desde que se abolió el control coincidente en las obras de contratación públicas, este país se desmanteló; también es cierto que los órganos de control, fueron sordos, ciegos y mudos, no actuaron.  Ya no valen, ni sirven los lamentos; la gestión del alcalde (e), debe encontrar falencias y corregirlas; con la decisión del presidente Duque al escoger de la terna, resulte el mandatario que merece Santa Marta esperando esto no vuelva a suceder. Que esta experiencia sirva a muchos grupos políticos, para que perfilen a Santa Marta como un destino turístico, ese es su potencial.  Preparémosla desde ya.

Para terminar es menester responder interrogantes que presenta la ciudadanía, perteneciente al partido del alcalde suspendido: “es que fueron 93 mil votos con los que elegimos al alcalde Martínez”. Es cierto, pero; también, es realmente que ese alcalde es un ser humano, capaz de cometer errores; la ley comienza por casa, llego otra ley superior que ingresó a la casa.  La justicia debe ser integral, coherente y obedecer a principios éticos y morales, jamás reveces.         

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