Una ciudad sin parques

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Escrito por:

Alberto Carvajalino Slaghekke

Alberto Carvajalino Slaghekke

Columna: El Arpa y la Sombra

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Hay una relación muy estrecha entre el contacto habitual del ser humano con lo natural y lo bellamente estético y su actitud y comportamiento social.

La importancia de parques amables y bellos al interior de una ciudad resultan ser de importancia capital para la salud mental, espiritual y física de sus habitantes. Los parques a los cuales se les integra una biblioteca, por ejemplo, son catalizadores a los efectos de vivir en un conglomerado que cada vez se deshumaniza más.

La existencia de parques verdes y hermosos nos da sosiego y paz y al adentrarnos en ellos y disfrutarlos, su impacto benéfico es profundo en nuestra psique.

No tenerlos influye negativamente, es como no poder recurrir a una buena medicina para aliviar nuestros males. Pero cuando una sociedad posee buenos parques contribuye a la formación y construcción del tejido social, ya que un bien común de alta calidad es apreciado por el colectivo y su efecto es la concreción del lugar donde nos identificamos y reconocemos y donde además, aprendemos a construir civilidad.

Santa Marta es una ciudad huérfana de parques. No tiene un solo parque decente y estéticamente diseñado para el deleite de sus ciudadanos y ello es una vergüenza. Nos acostumbramos a un Poli abandonado. Hemos aceptado que en las zonas de la ciudad con alta densidad no existan parques para sus habitantes.

Creemos que lo que no tenemos es lo normal. Por el contrario, darle a esta ciudad parques sostenibles es generar riqueza y bienestar colectivos. Buenos parques significa defender el ingreso precario de los ciudadanos. Significa construir una ciudad con posibilidades ciertas de ser más amable y cívica.

El ejemplo de la Biblioteca Virgilio Barco en el sector del Tunal en Bogotá es diciente. Es una gran y bella obra que es disfrutada por un colectivo que ha dado muestras de apreciarla y respetarla, en donde el hurto y daño a los libros son prácticamente inexistentes y ello se explica porque los colectivos aprecian de inmediato cuando su gobierno realiza obras de calidad para el disfrute y bienestar general, provocando cambios conductuales positivos e integradores de los usuarios. Ahí está la diferencia, las obras dadas a esta sociedad distan de esos parámetros.

Creemos que una canchita de microfútbol que a su vez es de basquetbol, enmallada y tres láminas de concreto a cada lado de ella, que actúan como asientos a los espectadores, es un parque. ¿Por qué no podemos tener obras comunes de la categoría de la biblioteca mencionada?

¿Por qué no hay parques verdes decentes, multifuncionales si se quiere, pero de alta calidad en cada barrio de esta ciudad?, no podemos sentirnos satisfechos con la respuesta de "se robaron la plata", que surge como reflejo histórico condicionado ante la ausencia de estas obras y de muchas más que esta ciudad necesita.

La historia cuando condena a los pueblos a la frustración debe romperse y un método sencillo es preguntándose ¿Por qué los habitantes del Tunal, Bucaramanga, Medellín, Armenia si tienen los parques que nosotros quisiéramos tener y no los tenemos? Compararse es una alternativa sencilla que permite exigir y decidir un futuro mejor.

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