Grandes inventos - III

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

No podía faltar el Imperio Romano en el universo de las invenciones. Profusos fueron sus desarrollos, y muchos aún están presentes y son funcionales. Por ejemplo, el derecho romano. Inicialmente, Roma era un lugar de paso en la que confluían mercantes que iban a través de la península de Europa al África y viceversa. Etruria, al norte del Tíber, era esencialmente comerciante.

Posteriormente, cuando Roma crece y los intereses son diversos entre las distintas comunidades –pastores, agricultores, mercaderes, artesanos, etc. –, la Liga Latina permitió conciliar todos los intereses mediante de acuerdos de mutuo respeto. Roma defiende a todos sus ciudadanos de sus enemigos, surge el Senado como constructor de leyes compiladas mediante los Edictos del Pretor. Aparecen los Derechos de Gentes, los Tribunos de la plebe organizan plebiscitos, constituciones, etc. Toda una estructura, muchos de cuyos fundamentos todavía rigen.

Esa organización civil va acompañada de la ordenación de viviendas y edificios gubernamentales, civiles, religiosos, deportivos, etc.: nace el urbanismo moderno. Implicó ello el diseño de vías, la estructuración del espacio y la debida ubicación de todas las edificaciones: cardo (eje norte-sur) y decumanum (eje oriente-occidente) determinaron el predominio de la cuadrícula en las ciudades. La cúpula del Panteón de Agripa remarca el uso del hormigón, un importante invento romano que permitió el desarrollo de la arquitectura y la ingeniería. Muchas de esas estructuras siguen en pie. Crearon edificios habitacionales de hasta seis pisos, teniendo en cuenta las cargas estructurales: contaban con agua caliente, ventanas con vidrio y calefacción. Pero las insulae eran edificaciones precarias, incómodas y carentes de servicios básicos, para las clases populares. Igual que hoy…

Los espectáculos públicos eran culturales y deportivos (si así se le puede llamar a las luchas de gladiadores). En el Colosseum, (Anfiteatro Flavio, o Coliseo) una obra maravillosa que además de los brutales enfrentamientos podía realizar también batallas navales, y el Circo Máximo, para 300.000 personas, se realizaban diversos entretenimientos. El teatro era escenario del arte escénico: teatro, música, poesía. Los monumentos conmemorativos todavía adornan la gran ciudad: los arcos, que aparecen por varios sitios importantes, y la columna de Trajano son claros ejemplos. La higiene era fundamental; inventaron el jabón. Las termas, además de baños, eran sitios de reunión; contaban con solarios y gimnasios, retretes y eliminación de excretas, y calefacción del suelo con los hipocaustum. La gran ingeniería diseñó los acueductos que distribuyeron descomunales cantidades de agua por todo el dominio romano. Construyó puentes que aún funcionan. El arco romano fue básico para la creación de estas soberbias construcciones. Gracias a ellos, el imperio creció y se consolidó. 

También crearon los periódicos. El primer noticiero fue el Acta Diurna; se esculpían las noticias en placas de roca o metal. El bienestar social estuvo presente: subvención de educación, alimentos y otros asuntos fundamentales para los más necesitados sentaron las bases de las actuales medidas estatales. Antes de los romanos, los escritos se guardaban en forma de rollos; ellos inventaron el códex, encuadernación organizada de los documentos. El calendario juliano, antecesor del gregoriano, se basaba en el movimiento aparente del sol para le medición del tiempo. Las calendas, primer día de cada mes en el calendario romano, debían coincidir en principio con la luna nueva; de ahí deriva la palabra calendario.

Definitivamente, las bases de nuestra vida moderna se originan en Roma. Todo ello estuvo apoyado en las invenciones militares. No solamente las estrategias y tácticas de combate; las falanges tenían armamento más avanzado y eficaz que sus enemigos. Lanzas arrojadizas, espadas romanas, arcos avanzados y flechas más mortíferas, escudos livianos y flexibles, cascos y armaduras servían para ganar batallas con ayuda de balistas y caballería. La infantería fue llevada a los ligeros y veloces barcos de asalto para abordar las naves enemigas y realizar contundentes combates cuerpo a cuerpo: la espada romana les hacía ganar. Los castrum fueron sus campamentos fortificados. Era el ejército más poderoso, despiadado y eficiente de su época, con los primeros soldados profesionales de la historia. Para atender a los heridos contaban con médicos de guerra, instrumental quirúrgico no muy diferente del actual, anestesia, boticarios y cirujanos especializados. Operaron cataratas, craneotomías y blefaroplastias, entre muchas intervenciones. Para Roma, no hubo aspecto sin desarrollar, dejando huellas imborrables en el mundo moderno. Cinco siglos largos no pasaron en vano.

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