En Pedraza hay una bomba

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Carlos Escobar de Andreis

Carlos Escobar de Andreis

Columna: Opinión

e-mail: calli51@hotmail.com
De no ser por los titulares de las noticias “Corregimiento de Bomba: 15 años sin puesto de salud” y “Emergencia por vendaval en el corregimiento de Bomba” nunca habríamos sabido que se trataría de una población con ese explosivo nombre, localizada en algún lugar de Colombia y mucho menos, que se encontraría en el municipio de Pedraza del departamento del Magdalena, porque ni el mismo Google da razón de su existencia. Solo aparece una leyenda que traducida del inglés dice: “Es posible que el recurso que busca se haya eliminado, haya cambiado su nombre o no esté disponible temporalmente”.


Tampoco me fue posible saber cuántos “bomberos” son, a qué se dedican y cuáles son sus principales necesidades. Ni siquiera aparece en el mapa satelital con sus coordenadas GPS. O sea, como diría el jocoso: “Bomba no existe”. Imaginémoslo como un pequeño poblado que hierbe entre la impávida ciénaga de Zapayán y el poderoso río Magdalena, en donde los únicos extraños son los dos policías del cuadrante que se mantienen perezosos a la sombra del mal tenido Pivijay de la plaza, esperando el momento que los saque del letargo.

- Patrullero despierte, le dice el compañero, vea lo que viene ahí: el techo de zinc de una casa caminando sólo.

- No puede ser. Debo estar soñando, pero lo cierto es que se mueve y viene hacia nosotros. Dios nos ampare.

Parece que no fueron las intensas lluvias y los vientos huracanados de hace unos días los que provocaron que el techo saliera en andas por las polvorientas calles de Bomba. No, así no fue. Dice el vídeo con la grabación del impredecible suceso publicado por Zona 0 en las redes sociales, que de una de las casas de la señora Juana Rojano fue bajado completamente armado el techo de zinc que sería llevado para cubrir el vaso de la vivienda que Fruto y María Angélica habían levantado en sitio seguro.

Los agentes quedaron espantados al ver pasar por sus narices lo que parecía la procesión del Santo Sepulcro. ¿De dónde salió tanta gente? Cuarenta y tres robustos pescadores se lo echaron al hombro. Se le veían únicamente los pies. Los seguían las mujeres armadas con horquetas de palo marcadas con las letras del abecedario, listas para aguantar la pesada estructura mientras los cargueros tomaban un merecido descanso y bebían un refresco de panela hecho con agua del caño. Los niños, por montones, también acompañaban la “marcha fúnebre” sin cura, repitiendo alegres los responsos que animaban el recorrido: ¡Ve, Cocho, no estás haciendo nada! (…) esto se llama unión (…) corran, se necesita horqueta (…) cuando un pueblo quiere se puede (…) ya casi llegamos.

A los policías no les dio tiempo de solicitar el “permiso de movilización” de techo de zinc por vía pública expedido por autoridad competente. Ellos todavía no salen de su asombro. Pero recomiendan a los incrédulos ver el vídeo y que lo abran en http://zonacero.com/corregimiento-de-bomba para que lo disfruten.

Moraleja: lo que debió ser una gran noticia nacional en un país que no se resigna a permanecer en guerra no lo fue y posiblemente no lo será mientras subsistan el morboso rating y la crónica roja; el ejemplo que debió ser para tantos insolidarios e intolerantes nunca se dio y la integración y unión de una comunidad por algo “tan elemental y sencillo” como transportar un techo de zinc no los motivó para que se juntaran hasta lograr el sueño de tener el más moderno y mejor dotado puesto de salud de la región.