El motín del té

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

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Cada guerra trae consigo un aumento de los impuestos. Algunos pasan de transitorios a permanentes, y el agobio para el ciudadano es inevitable. Si sumamos la corrupción, la situación social puede conducir a conflictos serios, no solamente las simples protestas y manifestaciones públicas.

En su época colonial, el Reino Unido afrontó numerosas guerras por mantener su poderío. Cada confrontación significó una carga tributaria adicional a los ciudadanos, y las colonias de ultramar sufrieron particularmente esas exigencias. La Guerra de los Siete Años derivó en un apretón a sus colonias en Norteamérica. Se decretaron gravámenes excesivos al té, de enorme importancia en la vida cotidiana de los colonos. Transcurría 1767. En Massachusetts se produjo aquella famosa sublevación pues el té, proveniente siempre de Inglaterra y China, resultaba excesivamente costoso.

Los habitantes de Boston allí organizaron un motín que tuvo lugar el 16 de diciembre de 1773: el motín del té, o Boston Tea Party. Unos colonos, disfrazados de indígenas arrojaron al mar la carga de té de 3 barcos ingleses. Este acto de protesta condujo al inicio de la independencia del continente americano.

En las colonias españolas de América, dos factores fueron concurrentes: la Ilustración y las reformas borbónicas, que trajeron profundas crisis tanto a España como a sus colonias, con el agregado de la invasión de Napoleón a la península, la abdicación de Fernando VII, la imposición de José Bonaparte (Pepe Botella) como monarca. Se quejaban los españoles, invasores de las Américas, de la invasión francesa. Vaya vaya… La élite americana ilustrada, educada principalmente en Europa (Francia e Inglaterra) reflexionaba acerca de las relaciones entre España y el resto de su imperio, de impuestos y condiciones generales.

Francisco de Miranda fundó en la Inglaterra de Jorge III la logia denominada La Gran Reunión Americana, una organización ideológica y política orientada a la emancipación de las colonias en nuestro continente. Los impuestos fueron nuevamente el detonante y, el Florero de Llorente, la gota que rebosó la copa para la independencia de Colombia. Vale recordar que todo el continente, desde México a la Argentina, se levantó casi al unísono contra el colonizador y sus excesivos impuestos a estas colonias.

En Brasil, la independencia ocurre después de que la familia real asume nuevamente el poder luego de la salida del gobierno napoleónico, subordinando nuevamente el país a las órdenes de Lisboa, con total control comercial, tributario, judicial y militar desde Portugal. A Don Pedro de Braganza, regente, le fue ordenado regresar a Lisboa, el pueblo le pidió ignorar esa exigencia, y este aceptó. Proclama posteriormente la independencia del Brasil: el grito de Ipiranga. Una vez más, el yugo severo exasperó a los ciudadanos.

El siglo pasado, en 1917, la antigua Rusia de los zares, abdicados en la Revolución de Febrero, sufre una segunda revolución, la Bolchevique, por la insistencia del gobierno provisional en la Primera Guerra Mundial, muy impopular, que impedía las reformas que estos pedían: “paz, pan y tierra”. De su lado, los mencheviques propendían por una revolución democrática conducida por la burguesía y apoyada por los trabajadores. Más tarde, Cuba vería la toma de La Habana por parte de unos revolucionarios que decían luchar por la independencia cubana de los Estados Unidos; la isla venía de ser liberada de los españoles.

Colombia ha vivido dos siglos de eterna violencia desde la independencia. Guerras continuadas en la que los actores han sido realistas y patriotas, centralistas y federalistas, conservadores y liberales, y más recientemente, las guerrillas subversivas y el estado, con intervención de una tercera fuerza armada ilegal, los paramilitares. En cualquier movimiento revolucionario hay un común denominador: el descontento popular desencadenado por los impuestos y la represión gubernamental. Por el contrario, aquellos países que optan por modelos de mayor equidad social y oportunidades para todos sus ciudadanos, la probabilidad de cualquier camino cruento y antidemocrático llega casi a cero.

En el actual gobierno, están en riesgo los acuerdos de La Habana y la JEP; la reciente reforma tributaria, cruel con el ciudadano y bondadosa con el gran empresario -modelo ya fracasado en Colombia¬- aleja la opción de tener una nación más justa y tranquila si no se aprecia retorno para el bienestar ciudadano. Y sin control de la corrupción, se avecinan tiempos aciagos, más si concurre una confrontación con Venezuela.

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