Marzo: mes de la mujer

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Escrito por:

José Vanegas Mejía

José Vanegas Mejía

Columna: Acotaciones de los Viernes

e-mail: jose.vanegasmejia@yahoo.es

Decía el pensador, escritor y educador argentino Domingo Faustino Sarmiento: “Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición de las mujeres en la sociedad”. Marzo ha sido designado como el mes de la mujer. En diferentes épocas la mujer ha sido protagonista de acontecimientos históricos, causados todos por la condición de inferioridad que un mundo machista ha diseñado para ellas. Algunos hechos nos ilustran sobre esta degradante serie de vejámenes y otras clases de atropellos que la mujer ha tenido que afrontar. Veamos algunos.

En marzo de 1857, en Nueva York, trabajadoras textiles del Banco de Manhattan protestaron contra los bajos salarios y las condiciones de explotación laboral a las que estaban sometidas. En marzo de 1867 una huelga de planchadoras de cuellos en la ciudad de Detroit terminó con amenazas de los patrones y con la imposición de salarios más bajos de los que devengaban antes de la huelga. En agosto de 1910, durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, en Copenhague, Dinamarca, se propuso el Día Internacional de la Mujer. Se luchó por el derecho al voto y se amplió a los demás derechos políticos. La propuesta fue aprobada por unanimidad. En marzo de 1911, en Nueva York, 20.000 mujeres trabajadoras, costureras de grandes factorías reclamaron más altos salarios y reducción de las 16 horas de trabajo diario. Se produjo un incendio en la fábrica de blusas Triangle Shirtwaist. Las obreras laboraban a puertas cerradas y sin salidas de emergencia: 146 mujeres murieron carbonizadas. En marzo de 1917, durante la conmemoración del Día de la Mujer Trabajadora, en San Petersburgo, Rusia, miles de amas de casa, con cacerolas, protestaron contra el hambre. Muchas habían perdido a sus maridos en la guerra; pedían “paz y pan” y exigían el regreso de los combatientes. Obreros de Moscú apoyaron a las mujeres y declararon una huelga general. El ejército se negó a reprimir la protesta y los soldados se sumaron a ella. Se dirigieron al palacio de gobierno para exigir la salida del zar Nicolás II.

En 1952 la Asamblea General de las Naciones Unidas, en sesión solemne, declaró el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer. Como ya lo dijimos, la mujer siempre ha estado en el centro de la historia. Los ejemplos abundan: Elena de Troya, en la mitología griega inmortalizada por Homero; Juana de Arco, en la Francia del siglo XV. Más cerca en el tiempo, María Curie, premio Nobel de física en 1903 y de química en 1911. Imposible intentar enumerarlas en una lista, en la cual incluiríamos escritoras como Marguerite Yurcenar y su obra ‘Memoria de Adriano’, libro de cabecera de jefes de estado. No faltaría en el listado una pléyade de mártires latinoamericanas, entre las cuales ocuparían lugar privilegiado las colombianas Policarpa Salavarrieta, Antonia Santos y María Cano. Capítulo destacado habría que otorgar a la líder campesina guatemalteca Rigoberta Menchú, premio Nobel de la Paz 1992.

Es necesario pensar en los tiempos que se avecinan, en los desafíos que afrontará la mujer en el futuro, sobre todo en las comunidades o conglomerados sociales que cada día se tornan más complejos. En Colombia miles de madres campesinas lloran la muerte de sus hijos por causa de los llamados ‘falsos positivos’. Ya no preguntan por ellos sino por ubicación de las tumbas anónimas que el Estado sembró en muchas zonas del país. Esas mujeres, que más humildes no pueden ser, merecen el homenaje que a nivel internacional les reconoce la humanidad en el mes de marzo. Y este reconocimiento resultaría lánguido e insulso si solo fuese el 8 de marzo o el mes completo; porque el homenaje a estos seres maravillosos no debe tener límite en el tiempo.

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