¿Cuál es el mal menor?

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Germán Vives Franco

Germán Vives Franco

Columna: Opinión

e-mail: vivesg@yahoo.com

El síndrome de la bicicleta estática pareciera haberse apoderado del debate sobre el uso del glifosato como herramienta para acabar con los cultivos ilícitos. El cambio de norte del gobierno Duque con respecto a su antecesor a priori parece un retroceso.
Estos vaivenes se producen porque no hay una política real de estado y consecuentemente, el tema queda sujeto a los deseos y gustos de cada mandatario.
Una realidad incontrovertible es que el uso del glifosato permitió controlar los cultivos ilícitos y se habían logrado avances importantes en la lucha contra este flagelo. Santos abandonó esta política en parte por el fallo de la Corte Constitucional, pero mayormente porque fue una exigencia en la mesa de negociación en La Habana y por convicciones personales.

Las diferencias entre Santos y el presidente Duque son filosóficas y profundas. Santos ha sido un permanente defensor de la legalización como solución al problema, y quizás esto fue lo único en lo que fue coherente. Santos cree que con la legalización de las drogas, los problemas de Colombia desaparecerían como por arte de magia. Cuando se entiende esto, se entiende el porqué la complicidad del gobierno Santos con el narcotráfico; obviamente maquillada bajo protección al medio ambiente y erradicación manual voluntaria.

Los resultados de las políticas de Santos fueron desastrosos a juzgar por el aumento exponencial del área cultivada y del tráfico de estupefacientes. Era claro que no se podía seguir por el mismo camino y que un giro drástico era necesario. Al llegar Duque al poder, y dentro del marco constitucional fijado por la Corte Constitucional en sus fallos, Duque está intentando revertir los daños del gobierno Santos; como por ejemplo, al penalizar el consumo en sitios públicos. La idea de que el problema de consumo es de los gringos es una solemne estupidez; Colombia es hoy un país consumidor también.

La consecuencia de la legalización de la droga en el contexto colombiano sería crear una crisis de salud pública inmanejable. Al poner tatequieto en la producción estamos de alguna manera controlando el problema. La crisis de salud pública tendría enormes costos en salud, seguridad, accidentalidad vial y enormes costos humanos. Piénsese en el asesino Uribe Noguera multiplicado por miles, quizás millones.

Volviendo al tema, lo único que ha funcionado es la fumigación con glifosato, y por esto el afán del gobierno Duque en retomarla. Por convicción preferiría que no se usara, pero es entendible que al gobierno Duque le toca escoger el mal menor. Que el glifosato es veneno y que causa daños al medio ambiente y a las personas es indiscutible. No se necesitan estudios para saberlo.

En medicina legal todo y nada es veneno, es cuestión de cantidades. Échenle exceso de agua a los cultivos y verán que sucede. También es veneno la cocaína y la heroína, pero en una escala mucho más grande, y ni que decir el daño que hace la tala indiscriminada de bosques para utilizar estas tierras para los cultivos ilícitos. Entonces no es que el camino de la no fumigación sea mejor ni haga menos daño. La diferencia es que en la fumigación los daños pueden ser cuantificados e identificados con mucha mayor facilidad.

La estrategia del gobierno Duque de atacar consumo y producción es la correcta y bien aplicada debería revertir el problema heredado de Santos para el bien de la sociedad colombiana. En últimas, el culpable de que lo envenenen con glifosato es el delincuente que siembra cultivos prohibidos.

Ojalá el análisis de los togados no se limite a los efectos del glifosato sino que incorpore un análisis serio del contexto actual y, como se comentó, de los daños ocasionados por la política de no fumigación. En lo personal me opongo al glifosato, así como me opongo a que me corten la pierna...pero si hay gangrena.
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