La madera en el arte

Columnas de Opinión
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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Definir arte es permanente debate entre los pensadores. Tiene múltiples expresiones, muchas más que las llamadas bellas artes tradicionales.

Se puede decir de manera simplista que arte es toda creación mediante la cual se representan sentimientos, emociones y percepciones de las vivencias humanas. Definición tal vez muy amplia que engloba casi que cualquier expresión del ser humano. El arte se expresa con infinitas formas y materiales. Desde la antigüedad, la madera es uno de ellos. Se ha usado desde utensilios como mangos de pinceles o paletas y atriles hasta exquisitas tallas, xilografías o instrumentos musicales. Tal es su versatilidad.

El arte africano en madera es proverbial. En la tumba de Nebamón e Ipukim en Tebas, hay imágenes de talladores egipcios que empleaban herramientas como azuelas, sierras y formones. Trabajaban madera importada dada su calidad. No pintaban las tallas en ébano, las que generalmente cubrían en parte con otros materiales (cristal para los ojos, por ejemplo). En el antiguo Reino de Benín los talladores y las termitas desarrollaron una relación simbiótica muy estrecha; algunos consideran que el arte africano está en deuda con ellas. Lo que el tallador elabora con esmero, la termita lo destruye en poco tiempo. En un constructivo ciclo sin fin, mantiene ocupado al tallista: la termita destruye y el tallista reinicia con renovados conocimientos y experiencias: se copia menos y se crea mucho más. Dice William Fagg, autor de “Nigerian Images”, que la termita ha mantenido durante milenios “un diálogo inmensamente productivo y continuo con el tallista tropical”. Los emperadores de Benín (Obas) fueron promotores de ese bello arte. El palacio real tenía hermosas cabezas de animales talladas en madera, con adornos y esculturas en bronce y marfil. Y, lo que sucede siempre. Los invasores europeos, fascinados con la belleza del arte escultórico africano, trasladaron esas obras a su continente. Hoy se pueden apreciar, no en Nigeria, sino en los grandes museos de Londres y Berlín.

La talla de la madera en los albores de la humanidad fue más funcional que artística: los artefactos en madera servían para sobrevivir. El metal permitió el desarrollo de herramientas que sirvieron para tallar la madera, y esta se fue transformando en arte. En China, desde la dinastía Tang, el arte chino de Dongyang en madera ha sido considerado uno de los más elegantes. Opacado por la modernidad, sobrevive tallando finas piezas para museos, galerías y colecciones privadas. Andalucía, siglos XIV y XV, ve surgir la imaginería en madera dedicada al arte religioso. Eran representaciones plásticas con fines litúrgicos para ritos católicos. Como respuesta al protestantismo, los curas andaluces buscaron en las calles con imágenes de madera captar fieles poco devotos que no iban a misa. De esa costumbre se originan las tradicionales y reconocidas procesiones. Los retablos llegan a los altares de las iglesias que muestran figuras, especialmente en policromía y bajorrelieve.

Los íconos rusos, pintados en madera, son otra bella expresión del arte religioso.  Se pintan imágenes de Jesucristo, la Virgen, santos, ángeles, episodios de la Sagrada Escritura, de la vida de los santos y otros personajes. Según el dogma, aprobado y reconocido desde el siglo VIII por las iglesias católica y ortodoxa, no se les considera idolatría. En Norteamérica, los aborígenes tallaron bellas piezas, los tótems, que narraban sus historias pero también expresaban la conjunción entre el mundo natural y el sobrenatural; eran sus espíritus protectores, en forma de animales como el oso, el lobo, el águila o el cuervo, pero también había representaciones de seres humanos.

Cremona hizo de la madera el elemento ideal para fabricar violines y demás instrumentos de cuerda frotada (violas, cellos y contrabajos)  incomparables e inigualables. La elaboración tradicional (protegida por el gremio de luthiers) de los instrumentos emplea hasta 70 elementos de finas maderas diferentes para producir artesanalmente (está prohibido el uso de elementos o técnicas industriales) violines de un sonido sin igual, jamás copiado.

Hoy, más asequible, la madera resurge como material del arte, y con diversas técnicas y elementos se fabrican bellas piezas ornamentales con maderas selectas. Exquisitas piezas escultóricas llegan a las casas, galerías o museos, quizás no tan valoradas como aquellas elaboradas en materiales mucho menos perecederos, pero de ductilidad poco encontrada en aquellos otros.