¿Por qué?

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Escrito por:

Cecilia Lopez Montaño

Cecilia Lopez Montaño

Columnista Invitada

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Colombia se enfrenta hoy a un momento muy difícil que no solo produce pánico, sino que debe generar la necesidad de aceptar esta realidad para lograr identificar el camino a seguir por parte del gobierno, de la política y de la ciudadanía en general. Ronda la mente de muchos la pregunta de por qué a Colombia le cuesta tanto trabajo encontrar la paz.
Nadie puede negar los esfuerzos que a través de nuestra historia reciente se han hecho para acabar con esta violencia que en distintas formas solo se atenúa para aparecer de nuevo con mayor virulencia. Mirar que es lo no resuelto en esta sociedad que impide resolver nuestras diferencias de manera civilizada, es un punto de partida para encontrar respuestas y en consecuencia soluciones.

La política, cuya función principal es precisamente responder a esa solución pacífica de los desencuentros propios de toda sociedad, en Colombia es un absoluto desastre. Además de no responder a su razón de ser, se caracteriza cada vez más por generar profundas divisiones que terminan en odio, en rechazos profundos de quienes se consideran opositores. Sin duda, es una de las causas que explican que lejos de reconciliarnos como país cada día nos dividimos más. Una sociedad fraccionada entonces, como la colombiana, es campo fértil para expresiones agresivas en la conquista del poder. Que tanta conciencia existe entre los líderes políticos sobre su profunda responsabilidad en esta dificultad para lograr la convivencia solidaria y tranquila, es una de esas reflexiones inaplazables que debe hacerse la sociedad colombiana y en particular, los jefes de los partidos políticos.

No es la pobreza la que explica la violencia y esta excusa puede eliminarse por la experiencia que existe en el mundo. Pero la desigualdad no sale tan bien librada especialmente cuando las expresiones de descontento de la sociedad se manejan con violencia por parte de la ciudadanía y con represión por parte de quienes ostentan el poder. Cuando la concentración del poder económico y político se alaba, no se combate y se acepta como una forma válida de movilidad social, la violencia se toma como algo necesario e inevitable. Colombia sí tiene en este aspecto mucho que analizar de manera que la búsqueda de la equidad no debe ser una simple frase, una expresión de buenos propósitos sino un verdadero compromiso de todos
La falta de valores como la solidaridad, la tolerancia, el respeto por los demás, son elementos dinamizadores de la violencia. El país se ha descuidado al no reconocer como una dolorosa realidad la pérdida de estos principios propios de una sociedad pacífica, especialmente en sus élites, los cuales se han sustituido por otros como aceptar el enriquecimiento rápido independientemente de donde provenga.

La permanencia del feudalismo como forma de explotación económica especialmente en zonas rurales, avalado por las instituciones de carácter público y privado, es un elemento que permitirá que el asesinato de los más débiles prevalezca sobre sus derechos. Colombia sigue aceptando esta forma de explotación como algo natural en nuestros campos y no se ha preguntado seriamente por qué la guerra ha sido con demasiada frecuencia un hecho rural.

Estas y muchas otras posibles explicaciones que deben seguirse identificando, muestran una sociedad que tiene que repensase, un poder político que debe renovarse, una dirigencia económica que necesita reflexionar y una ciudadanía que debe demandar de manera civilizada, un compromiso a todo nivel con la búsqueda de la paz. Nadie puede sentirse al margen de esta responsabilidad vital en la búsqueda de una paz sostenible en un país que ha vivido de guerra en guerra. Y para que quede claro, esta reflexión de ninguna manera debe tomarse como no respaldar al gobierno en su acción para castigar a los culpables de este terrible y doloroso episodio, y aplicarles la ley con toda severidad, pero sin generar nuevos elementos de violencia. ¿Tendremos así algunas respuestas a la pregunta planteada?

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