Del dequeísmo a la decadencia

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Escrito por:

Luis Reyes Escobar

Luis Reyes Escobar

Columna: Opinión

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Después de tres semanas en Santa Marta regresé a Medellín. No me puedo quejar, experimenté de todo un poco. Sonrisas y regaños de mi madre, reencuentros con amigos, descansos sin límite de tiempo y múltiples invitaciones. Un día antes de regresar, tuve una conversación que reafirmó uno de mis últimos aprendizajes. Mi contertulio repetía constantemente “de que” y en vista del uso inadecuado que le daba, decidí decirle que no siempre era necesario utilizar el “de”, ya que en algunas ocasiones el “que” bastaba. Su respuesta fue tajante y muy directa “no me importa. Lo voy a seguir diciendo así”.


Cuando decidí formarme como coach, la principal motivación fue aprender una metodología que me ayudara a orientar procesos de transformación del ser a nivel personal o corporativo. Hablar de transformación podría sonar muy místico para algunos, pero no es nada distinto a cambiar juicios, hábitos, etc., para emprender acciones que te lleven a donde desees llegar o ser eso que quieres ser. El desconocimiento de esta labor, ha llevado a que algunos vean a los coaches como súper héroes que van a salvar a la humanidad. Es cierto que como coaches tenemos una responsabilidad muy grande, pero no creo que sea superior a la que tiene un ingeniero cuando hace los cálculos para que la estructura de un puente, edificio, represa, entre otros, no colapse.

El coaching, más que una metodología, es una invitación a tomar –en tiempo presente– las riendas de tu vida, para que transformes tu realidad actual e impactes tu futuro, tu destino o tu devenir. En ese orden de ideas, le estamos quitando la responsabilidad al coach, para recargarla en el coachee o persona que desea lograr un cambio en su vida. Este enfoque me lo explicaron a través de una metáfora muy poderosa. Imaginen que son rescatistas y que hay tres personas ahogándose en el mar. Ustedes solo pueden salvar a una persona, ya que el combustible y las condiciones de tiempo, clima y espacio, no les permiten hacer nada más ¿a quién deciden salvar? La primera reacción, es intentar obtener más información para tomar una decisión de esta índole, sin embargo, no es necesaria, ya que la respuesta final es “salvarás a quien quiera ser salvado o quien se deje salvar”. La explicación técnica de la respuesta, hace un paralelo entre lo difícil que era sacar del agua a alguien que estaba forcejeando versus alguien que se dejaba llevar.

Lo que más me llamó la atención de esta metáfora, es que me hizo consciente de que aunque siempre he pensado que la responsabilidad de mi futuro está en mis manos, no había contemplado que incluso cuando creo que el resultado depende de otros, muchas veces yo soy el único responsable del mismo o juego un papel protagónico en él.

Hagamos un ejercicio. Identifica algún aspecto de tu vida con el que no estés conforme. Puede ser tu trabajo, tu vida amorosa, tu carrera profesional, tu relación con tus hijos, tus proyectos productivos, en fin, cualquier asunto. Ahora pregúntate ¿cuál es el escenario que no me gusta y quiero cambiar? ¿Cómo me gustaría que fuera? ¿Qué puedo hacer distinto para salir de esa situación? ¿A que estoy dispuesto a renunciar para lograr el cambio? Muchas veces no podemos decidir lo que vivimos, pero si como reaccionamos. En tus manos está decidir tomar las riendas de tu vida o dejar todo al azar, también decides si creer que hay una sola forma de ver el mundo o crear posibilidades admitiendo otras perspectivas. Tú eres el capitán del barco.

No esperes que llegue ningún súper héroe a transformarte la vida, tu eres el dueño de tu destino. Si no te gusta algo de tu vida, cámbialo. Si quieres obtener otros resultados debes cambiar el plan, actuar diferente, pensar distinto. Ahora bien, si llega ese salvador a tu vida, recíbelo con tu mente y tus brazos abiertos, sin olvidar que tú eres el protagonista de esa historia. Mi amiga decidió conscientemente hacer uso indiscriminado del “de que”, si tú decides hacer lo mismo con tu vida, no te quejes y asume las consecuencias de tu decadencia.

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