Tambalea el sátrapa mientras el régimen pende de un hilo

Columnas de Opinión
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Escrito por:

José Noriega

José Noriega

Columna: Opinión

e-mail: jmartinnoriega@hotmail.com

“Se puede engañar a una parte del pueblo todo el tiempo, a todo el pueblo durante cierto tiempo, pero no a todo el pueblo todo el tiempo” (Abraham Lincoln – Ex presidente de Estados Unidos)

Después de la declaración del Grupo de Lima, conformado por 14 países de la región, con la sola absurda excepción de México, sobre la cual se da el desconocimiento de la legitimidad del nuevo mandato del sátrapa Nicolás Alejandro Maduro Moros, el dictador está y viene sintiendo pasos de animal grande y anda como gallina criando patos, por cuanto no sabe para dónde coger ni qué camino tomar, y únicamente el cerebro le da para emprenderla contra el gobierno colombiano y acusarlo de ser el responsable de la debacle del régimen dictatorial en donde la figura prominente es el mafioso y narcotraficante jefe del cartel de los soles, el temido Diosdado Cabello, quien solamente esgrime como mérito frente a la espuria revolución el hecho de haber sido compañero de aventura del nefasto Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez Frías.

Todo parece indicar que por fin la comunidad internacional ha entendido que llegó el momento de presionar al dictador para que abandone el poder y que ni se le ocurra intentar posesionarse para un nuevo mandato que obtuvo de manera irregular y fraudulenta en las elecciones de mayo de 2018 y para ello los países componentes del Grupo le han hecho saber a la Asamblea Nacional que respaldan totalmente la decisión que tomen con relación a cualquier escaramuza que pretenda ejercer la narco dictadura, ahora envalentonada por sentirse arropada por China y Rusia, quienes le han soltado a cuenta gotas cualquier migaja para intentar paliar la situación, aunque en el fondo simplemente están persiguiendo quedarse o adueñarse con las mayores reservas de petróleo del mundo, pero siendo realista eso no habrá de ocurrir por cuanto los días del sátrapa están contados y el olor a chamuscado ya se siente más allá de la frontera.

La expectativa que se da por estos días en la región es acorde con la necesidad de que la patria del Libertador renazca de entre las cenizas y retome el sitial que le corresponde y emerja de esa ruinosa posición en que la ha sumido el otrora conductor del metro de Caracas y toda esa caterva de sinvergüenzas y delincuentes que lo han acompañado en desolar a la hermana república, máxime cuando hasta la Unión Europea ha conminado a que el mañana es ahora y que es imperativo frenar esos desafueros estúpidos que tienen a cuatro millones de venezolanos mendigando en una diáspora enfermiza que taladra el alma del más indolente, haciendo la salvedad que la mejor manera de que el pueblo patriota asuma su responsabilidad para poner a buen recaudo a los usurpadores será retornando a su tierra y unir esfuerzos.

Por todo lo anterior debemos resaltar que ya se están dando algunas decisiones tomadas por los gobiernos de la región para, como Colombia y Perú, -entre otros-, para impedir que algunos de los corruptos alfiles y zánganos del régimen, en una actitud típica de los cobardes, al sentir que se acerca el final de su mandato, salgan corriendo como ratas hacia cualquier parte para ponerse a salvo de los castigos que la historia y la comunidad les tiene reservado.

Se cuentan las horas para que por fin se aclare el panorama y todos esos crápulas y sanguijuelas que esquilmaron la patria de Bolívar sean puestos a buen recaudo y el pueblo venezolano emprenda la reconstrucción de la patria, para de ese modo resurgir y empezar, -piedra sobre piedra-, el nacimiento de una nueva república, la que contará con la ayuda y colaboración de toda la región.

Obviamente que en toda esta situación ha jugado un papel importante la firmeza de Colombia al no restablecer las relaciones diplomáticas ni económicas, con lo cual se le ha torcido el pescuezo a esos depredadores sociales que desbordaron cualquier despiadada manera de pensar y asolaron a su pueblo, en donde solamente les interesaba llenar sus alforjas, pero ahora les tocará desocuparlas y arrumar sus bártulos, -lo que les quede-, e irse río arriba y pagar escondederos a peso, lo que resultará infructuoso, por cuanto no habrá lugar en la tierra en donde esconderse.
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