Liga costeña y regionalización

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Escrito por:

Eduardo Verano de la Rosa

Eduardo Verano de la Rosa

Columna: Opinión

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La Liga Costeña cumple un siglo de haberse constituido. Fue la alternativa democrática creada por dirigentes del Caribe que recogían las aspiraciones de libertad política de los departamentos de Atlántico, Bolívar y Magdalena. Alternativa en la que la ciudadanía de la región, por intermedio de sus dirigentes, le presentaba al centralismo y al presidencialismo un mejor modelo de organización del territorio a fin de construir una sociedad justa, democrática y bien ordenada.

Todo ello, frente a los resultados catastróficos de la implementación del centralismo adoptado mediante un inconsulto Consejo Nacional de Delegatarios emanado del presidente Rafael Núñez, mediante decreto del 10 de noviembre de 1885. Los Departamentos, que eran Estados soberanos, se les privó de su libertad política. Este es un aspecto relevante que no puede ser olvidado.

Colombia, antes de 1886, era una república federal y los nueves Estados soberanos que la conformaban, disponían de autonomía política, fiscal y tributaria para la administración de sus asuntos de gobierno. Un Consejo Nacional de Delegatarios, integrado por 16 miembros designados desde arriba por los gobernadores, bajo la orientación del Ejecutivo nacional, impuso una constitución política centralista y autoritaria.

Un centralismo constitucional nacido de un procedimiento autoritario concentró todo el poder en un modelo cerrado, con un fuerte régimen presidencialista. En 1886 se liquidaron los Estados soberanos y los ciudadanos perdieron la libertad política de autogobernarse y se les arrebató el derecho a administrar las riquezas que producían sus territorios. Estas fueron transferidas al poder central, un acto de total piratería.

Manuel Dávila Flórez, Simón Bossa y Pedro Juan Navarro fueron algunas de esas mentes ilustres que, examinando los resultados de la Carta Política de 1886, lideraron el proceso de recuperación de la autonomía de la Región Caribe y sembraron la semilla del proceso de regionalización en todo el territorio nacional que hoy crece cada vez más y que ha encontrado en el centralismo y los centralistas toda suerte de obstáculos. La Liga Costeña es un modelo a seguir.

Es por este motivo que el proceso de regionalización no debe olvidar sus antecesores. Hoy, no solo la Región Caribe promueve la regionalización de la república. Todas las regiones se han involucrado en este proceso que crece y crece. Este fenómeno fortalece la unidad nacional, fomenta la paz y la justicia, acerca el poder del Estado al ciudadano y afianza la lucha contra la corrupción. El autogobierno es el mejor remedio para enfrentar los corruptos.

Entre más concentrado esté el poder, mayor espacio encuentra la corrupción pública y privada para acomodarse. “El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”, enseñaba Lord Acton. La centralización política la multiplica, es el oxígeno que alimenta el fuego de la corrupción. La lucha por erradicarla de lo público necesita de la regionalización.

Los líderes de la Liga Costeña tuvieron el talento de ofrecer la alternativa política para consolidar un orden político que garantizara los derechos y las libertades. Alternativa que no es otra que la regionalización: o nos regionalizamos o seguiremos en el laberinto de la corrupción. Eliminar el oxígeno que alimenta al fuego de la corrupción es la tarea. El oxígeno no es otro que la concentración de poderes públicos y privados. La regionalización nos daría otro aire.

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