La crónica de Aureliano

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Escrito por:

José Lafaurie Rivera

José Lafaurie Rivera

Columnista Invitado

e-mail: jflafaurie@yahoo.com

No me refiero al emperador ni al hijo de Úrsula y José Arcadio, sino a alias ‘Aureliano’, Gustavo Petro, que le echó al país un cuento largo sobre su abnegada vida política. Nos conmovió con sus amores y sus correrías con “el amigo de vida”, Juan Carlos Montes.

Creyó que podría engañarnos con lo de la obsesión de Montes por “registrar sus hechos”, que todos la tenemos para recordar momentos familiares, pero no la entrega de “un billete”, en una habitación en penumbra y sin contarle al amigo que estaba siendo “registrado”.

Si esa bochornosa filmación no fue para extorsionarlo, fue para protegerse, porque Montes sabía que estaban haciendo algo indebido y que, además, su amigo no lo era tanto. Aunque Petro se exceda en alabanzas y proclamas de amistad, quedó clara la desconfianza de Montes.

Que estaba dolido porque lo botaron. ¡Claro! Si su amigo era el alcalde y si confiaba en él plenamente, ¿por qué permitió que lo botaran? Ese día de 2015, en su oficina de la Alcaldía, claramente Montes lo amenazó, le advirtió de su “rabo de paja”. Lo que Petro sintió después de ese episodio no fue depresión; fue susto.

¿Qué pasó entre ellos entre 2015 y 2018 para que el video terminara en manos inconvenientes para Petro? Montes lo dirá ante la justicia, porque nadie creyó el cuento del hacker, del pobre ingeniero y exfuncionario de alto nivel que no sabe nada de tecnología, del computador viejo; de los “abogados del diablo” que se enteran de milagro.

Ahora bien, si son ciertas las acusaciones del abogado De la Espriella, la justicia de Estados Unidos intervendrá y el caso será de marca mayor. Mientras tanto, el asunto no es si 20 millones son pecado venial frente a 50 millones de dólares de Odebrecht, o si el debate contra el fiscal era el momento para hacer público el video; el asunto es también de “tono moral”, de la posición ética de quien se autoproclama adalid de la transparencia y defensor de la moral pública.
Recuerdo a la izquierda alebrestada cuando le montaron a Óscar Iván el escándalo con un video publicado antes de la primera vuelta de 2014. Hoy no veo esa furiosa condena. Para Claudia López es “espantoso”, pero ella está estudiando, y punto. Mockus, después de ver el video, concluye que le cree a Petro, y punto; mientras Fajardo calla…

Hoy Petro, con investigación abierta, acude a la estrategia de quienes se sienten por encima de la ley: a la movilización, a la acción de facto, como Mussolini en 1922, cuando movilizó a sus camisas negras en la Marcha sobre Roma para arrebatarle el poder al pusilánime Víctor Manuel III. Las marchas que pretenden minar la gobernabilidad de Duque, ya no serán por la educación o la carestía; serán para reivindicar a Petro y acorralar al presidente…, pero Duque no es Víctor Manuel.
Lo que faltó en la crónica de Aureliano fue su vida como terrorista indultado del M 19, pero partícipe de muchos asesinatos, como el de José Raquel Mercado el 19 de abril de 1976 –crimen de aniversario–; de muchos secuestros como el de Álvaro Gómez en 1988; y de muchos actos terroristas, como el salvaje asalto al Palacio de Justicia en 1985, en probada alianza con “los Extraditables” de Escobar.

Alias ‘Aureliano’ siempre ha justificado esa barbarie como la lucha por una sociedad más justa, y nunca ha considerado que deba pedir perdón. ¿Recuerdan a Márquez y Santrich? Cualquier parecido no es pura coincidencia. Dios los hace…, y ellos se juntan.

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