Educación para el siglo xxi

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Escrito por:

Hernando Pacific Gnecco

Hernando Pacific Gnecco

Columna: Coloquios y Apostillas

e-mail: hernando_pacific@hotmail.com

Colombia está en mora de cambiar sus anacrónicos modelos educativos. Varios países que, hasta hace poco tiempo, eran igual o más subdesarrollados que nosotros, lograron una profunda transformación social para situarse entre los más desarrollados, gracias a la educación.

La desigualdad, la desmedida e impúdica concentración de riquezas y el atraso social van de la mano de políticas de Estado tendientes a mantener en niveles educativos básicos a los gobernados. El analfabetismo funcional es enorme. En pregrado, la universidad pública está siendo paulatinamente asfixiada desde hace varios gobiernos, y no sería extraño que el propósito real fuera su liquidación total, así como acabaron con la salud, las pensiones, la seguridad ciudadana y otros derechos constitucionales.

El neoliberalismo colombiano fomentó una obscena desviación de los bienes y servicios del Estado, que son de todos los ciudadanos, a unos pocos amigotes de los gobiernos con la consecuente corrupción. La salud pasó a ser un negociado en el que cada año saquean varios billones, según se denuncia. Igual sucede con las obras públicas, telecomunicaciones, el espectro electromagnético, la minería, etc. Nos convencieron de que el sector estatal es demasiado corrupto, pero el sector privado, que cuenta con la complicidad gubernamental ha sido peor. Los recientes escándalos dan fe de ello.

Los medios masivos de comunicación, hoy al servicio de esos desaforados poderes, desinforman a la gente. Afortunadamente, los medios independientes y las redes sociales evitan la sepultura de la inaceptable descomposición gubernamental. Es el periodismo real, que impide tragar entero o tapar información crítica mediante cortinas de humo. Los arqueólogos de las redes sociales trabajan intensamente para rememorar los hechos punibles o las cínicas contradicciones de los poderosos.

Reitero: parece que el objetivo fuera el marchitamiento paulatino de la educación hasta entregarla totalmente al sector privado. Parodiando a un expresidente: el presupuesto de las universidades públicas va por una larga y empinada escalera y el creciente número de alumnos, programas y gastos, por un potente ascensor. Cuando los estudiantes protestan buscando mejorar las condiciones, les sabotean las marchas y les tildan de anarquistas: “la autoridad y la justicia” en contra del progreso intelectual. Si piden cita con el presidente, se la debe palanquear algún cantante (tienen puerta abierta en la Casa de Nariño) para obtener una reunión… con la ministra. Igualmente, podría ser con el tendero de la esquina: el gobierno no ofrece soluciones distintas a la asfixia presupuestal.

Es paradójico que muchos colombianos (y ecuatorianos) vayan a Venezuela a estudiar a bajo costo aprovechando la deserción en los centros educativos ante la desesperada situación de la vecina nación. Especializaciones, maestrías y doctorados son buscados en Venezuela por nuestros alumnos ante la escasez de cupos en las universidades públicas colombianas, mientras a los estudiantes de acá les piden que se ahorquen con un crédito del Icetex o que los padres hagan hasta lo imposible por mantener a un muchacho en la universidad pública, a veces infructuosamente. Puede que la calidad sea discutible, pero eso es mejor a nada.

Paradójicamente, el presidente Duque habla de “economía naranja”, la cual implica necesariamente la formación profesional de un gran número de colombianos en disciplinas competitivas especialmente en el área de servicios y trabajo bien pago. Hay otra situación peor: la precarización laboral. Un recién egresado es contratado con salarios infames, y muchos se ven impelidos a buscar horizontes distintos. De modo que el poco aporte de los gobiernos para educar a los jóvenes se pierde, y la fuga de los mejores talentos desangra la posibilidad de un debido desarrollo social y empresarial. Ah, pero los sueldos en Colombia son ridículamente altos, dice el Ministro Carrasquilla.

Es muy triste que el presidente Maduro ofrezca 20.000 cupos universitarios a los colombianos mientras acá el Esmad se encarga de “educar” a los estudiantes, y Carrasquilla ahorque las finanzas de la educación. Peor aún, que los países desarrollados aprovechen nuestros mejores talentos. Presidente Duque: echa usted por la borda el futuro de Colombia con esas políticas de miseria presupuestal para la educación. Invierta para avanzar hacia el siglo XXI; a todos nos beneficia. El motor de la economía naranja es el conocimiento siglo XXI aplicado.

Apostilla: El mundo artístico llora la partida de María Isabel Murillo, Misi, en el esplendor de su carrera. Gran figura del arte escénico musical.

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